miércoles, 12 de diciembre de 2018

Viejas costumbres


Lo sé, soy un nostálgico, pero me gusta mirar las estrellas cuando paseo por el campo, leer poesía en las mañanas de primavera, sentarme a ver el atardecer, y rezar una oración antes de enterrar los encargos del jefe.


martes, 27 de noviembre de 2018

Dioses


Todo lo que conocían se debía a un pequeño error en sus conexiones neuronales, un error con respecto a lo que consideramos “normal” ya que la mayoría no percibimos el mundo así. Ese pequeño “error” se conoce con el nombre de sinestesia, y hace que ella pueda disfrutar del aroma de los colores, y él paladear los sonidos. Bueno, disfrutar a veces, porque algunos colores hieden y ciertas palabras saben a barro, otras a cera, y algunas es mejor no saborearlas nunca.
Esta singularidad les hizo especiales cuando ellos llegaron. Nunca supimos de dónde ni por qué, solo se oía un “pup” y ahí aparecía uno de ellos, no importaba si estabas haciendo el amor, conduciendo, rezando en una mezquita, atracando un banco o saltando en paracaídas, sonaba un “pup” y ahí tenías flotando ante tus narices una de esas bolas viscosas de color. Lo peor no era su aspecto, ni la sorpresa, lo realmente horrible era que brillaban como demonios en mil tonos multicolores y sonaban como carracas chirriantes.
Al principio todo fue pánico, hasta que vimos que no eran agresivos. Entonces la cosa fue a peor. Empezaron a golpearlos, atraparlos, estudiarlos, pero cada vez que alguien siquiera rozaba uno, este se dividía en dos, y si lo golpeabas, en decenas. Y si los encerrabas se multiplicaban en cientos que escapaban haciendo su infernal “pup”. La locura se apoderó del planeta.
Entonces aparecieron ellos, Adán y Eva, como ahora los conocemos. Ellos entendieron sus luces y sonidos, entendieron cómo funcionaban. De la noche a la mañana se convirtieron en héroes, ¡en dioses!
Y se lo creyeron.
Les hicieron brillar y sonar como nunca antes hasta que nos rendimos a sus pies para que los apagasen.
Ahora los únicos dioses verdaderos gobiernan el mundo a su antojo.

Retromorfosis


Definitivamente era yo, pero iba a dejar de serlo en cuanto supiese que había pasado y cómo solucionarlo. Porque ahí estaba yo, frente al espejo, gigante, pálido y con una cara plana como una pared de esas por las que antes me gustaba subir, pero que ahora me resulta una barrera infranqueable, mis extremidades no se adhieren a ninguna parte y mi equilibrio es más que precario, ¿Cómo se puede uno mantener solo sobre dos patas? Quiero el resto de mis extremidades y volver a ser la cucaracha que era, esto de ser humano es un asco.

lunes, 1 de octubre de 2018

Señales inequívocas


–Comienzan a acumularse en la superficie del planeta una enorme cantidad de basuras sin fin –expuso indiferente el funcionario revisando la documentación–, los desperdicios cubren casi cualquier área del planeta, no se detectan zonas sin contaminar.

–No hay duda –concluyó el observador jefe con tristeza–, no hay vida inteligente en la Tierra. Qué pena.   

Principitos


Comienzan a acumularse en la superficie del planeta los principitos venidos de todos los rincones del mundo. Es un planeta pequeño, cada uno habla un idioma y no se entienden, pero se han organizado para cuidar a la rosa, saben lo que es importante de verdad.

Empatía planetaria


Comienzan a acumularse en la superficie del planeta las penas, la soledad, los sufrimientos y el dolor de sus habitantes. El peso es tal que poco a poco se ha ido haciendo más pequeño sin que nadie se percate de ello, y así, minuto a minuto la distancia que les separa casi ha desaparecido. A no tardar mucho volverán a estar juntos, y esa proximidad encumbrará de nuevo los sentimientos positivos, afecto, cariño, amor. Antes de que nadie se dé cuenta ese calor dilatará de nuevo el planeta, y el ciclo se cumplirá como tantas otras veces.

Viejas costumbres

Lo sé, soy un nostálgico , pero me gusta mirar las estrellas cuando paseo por el campo, leer poesía en las mañanas de primavera, sentar...