domingo, 17 de noviembre de 2019

Lógica infalible

—No es cierto que tengan siete vidas.
—¿Quiénes?
—Los gatos.
—¿Por qué?
—¿Por qué qué?
—Que por qué los gatos no tienen siete vidas.
—Porque si no habría siete veces más gatos de los que hay.
—¿Y cómo sabes que no hay ya siete veces más de los que debería haber?
—Porque no hay siete veces más ratas.
—¿Y cómo sabes que no hay ya siete veces más ratas de las que debería haber?
—Es verdad, hay muchas ratas.
—Entonces, si hay siete veces más ratas…
—Es que no hay siete veces más gatos.
—Entonces, los gatos no tienen siete vidas.
—Q.E.D. Lógica matemática.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Dejamor

El vuelo de su falda evocaba tornados de pasión que se remataban con los truenos de sus tacones al pasar junto a mí. Su paso dejaba el perfume de la tormenta, esa que hace florecer los secos y ajados sentimientos. Era verla a lo lejos y mis sentidos se agudizaban para sentir la música que prometía el sensual baile de sus pasos acercándose entre un juego de hadas y mariposas revoloteando a su alrededor. 
Todo en ella era perfecto.
Aquella mirada de reojo que me destacaba del vacío fondo de paisaje que era el resto del mundo. Ese breve y fugaz instante en el que una burbuja nos aislaba, nos conectaba, nos elevaba más allá de los mortales, los normis, los muggles, los sin magia que no podían entender al ser de luz que flotaba a su alrededor.
Ella y yo lo sabíamos, lo vivíamos. 
Yo era su puerto en la tormenta, su cobijo ante la tempestad. Éramos el uno para el otro, dos piezas únicas creadas para encajar, para unirse y fundir el universo.
Si tan solo una vez se hubiera detenido a mi lado. O si yo me hubiera acercado, si hubiera ido  hacia ella, si hubiéramos hablado. Todo habría sido distinto.
¡Si no me hubiese dado tanta pereza levantarme!

jueves, 17 de octubre de 2019

La Cámara de los Horrores

Todos sabíamos que tras aquella puerta nos esperaba el horror. Nunca hablábamos de ello, pero todos lo sabíamos. Más de una vez habíamos contemplado cómo uno de nosotros era arrastrado a su interior entre gritos y sollozos mientras los demás mirábamos para otro lado fingiendo no escuchar sus alaridos, sus súplicas de ayuda, sus llantos de terror. Recuerdo que a Goyo, que es más fuerte, lo tuvieron que llevar entre dos mientras aullaba, pataleaba y se resistía. Pero nada les conmovía, cuando llegaba tu hora te cogían de la mano y te arrastraban al interior, quisieras o no.
Cuando salías de allí ya no eras el mismo, tu aspecto cambiaba completamente. Al principio siempre costaba reconocer al desdichado, aunque con el tiempo te acostumbrabas a su nueva imagen.
Por eso, al sentir que agarraban mi mano me resistí todo lo que pude, chillé, pataleé y tiré en dirección opuesta hasta casi arrancarme el brazo. Pero todo era inútil, estaba siendo arrastrado sin piedad hacia la cámara de los horrores por mi propia madre.
—¡Manolito deja ya de hacer el tonto y entra en la peluquería, que no te van a matar!

jueves, 19 de septiembre de 2019

Nostalgia

El sonido del teclado de una máquina de escribir me llevó hace años hasta unos chicos del Rastro sobre cuyas cabezas se leía: “Dame un tema y te daré un poema”. Quizás aquello solo era un síntoma de la precariedad de los tiempos, en cualquier caso me animé a intercambiar una pequeña donación por sus versos:
No te rindas, no ceses de debatir,
Todo está de gente muda a rebosar
Que siempre permite a los demás mandar,
Que solo abre la boca para llorar,
Nunca para escuchar, luchar y construir.

Aquel simple poema me inspiró la vocación de la abogacía. Hoy lo he encontrado mientras buscaba las llaves del Mercedes. He sentido nostalgia de aquel joven idealista que era yo. He quemado el horrendo poema mientras sonreía, he encendido un puro cubano y he salido dispuesto a disfrutar de mi descanso anual en el yate de un adinerado cliente.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Rebelde

Había soñado con ser un abogado indomable y salvar a la gente a través de las leyes, representar a cualquier desfavorecido hasta conseguir justicia; sin embargo, el caciquismo del sistema había convertido en algo consuetudinario sus derrotas en los tribunales. Con todo, él no cejaba en su empeño, en su minúsculo despacho estudiaba cada caso hasta el mínimo detalle mientras un viejo cactus absorbía las radiaciones del monitor, o al menos eso le dijo aquella pobre mujer que solo pudo pagarle con la planta.
Se puso la toga para entrar a la sala, otro juicio de un humilde contra las multinacionales que todo lo pueden, otra posible victoria de la injusticia que produce el dinero. Se levantó los bajos de los pantalones y se aseguró de llevar un calcetín de cada color antes de entrar. Esa pequeña rebeldía siempre le recordaba que la lucha aún no había terminado.

jueves, 20 de junio de 2019

Cuestión de economía


-Cuando acabes la dejas fuera.
La jefa de grupo se dio la vuelta y cerró la puerta con la eficacia con la que hacía todo. No se distinguía por su amabilidad precisamente, siempre daba la orden exacta, ni una palabra más ni una palabra menos: “limpia la habitación”, “recoge la mesa”, “barre el salón”. Era su carácter. Así pues me dispuse a hacer mi tarea y terminé de limpiarla y adecentarla. Cuando terminé la saqué fuera y la coloque en la fila, junto al resto de abuelos y abuelas babeantes que colocábamos durante horas al sol para tratar de reducir el gasto en la residencia.

Olvido


Cuando acabes la dejas fuera”, me dijo mamá cuando me vio jugando en la cocina con la perra. No le gustaban los animales y había accedido a regañadientes tras mucho insistir entre papá y yo. Por eso no entendí su disgusto cuando la encontró chamuscada en el horno. Bueno, quizás fue porque se me olvido sacarla a la calle.

Lógica infalible

—No es cierto que tengan siete vidas. —¿Quiénes? —Los gatos. —¿Por qué? —¿Por qué qué? —Que por qué los gatos no tienen siete vid...