lunes, 9 de abril de 2018

No queda mucho ya


–Con un poco de suerte moriremos todos antes de que tenga que ver otra vez esa peli, ¡Dios, creo que voy a vomitar! ­–comenta Jonny-Juan en cuanto ve a las chicas desaparecer en el baño.
–Es posible que muramos antes –asegura Lewis-Luis–, pero no tienes huevos de decírselo a la cara.
–Ni de coña, es su favorita.
–Pues entonces me temo que tendrás que volver a verla
–Sí, lo sé –asiente Jonny-Juan fingiendo una tristeza infinita mientras mira hacia la puerta del aseo por el que tienen que salir las chicas–, pero espero que se den prisa, no tenemos mucho tiempo.
Ana-Anne y Rosa-Rose salen de los aseos secándose aún las lágrimas.
–¡Es tan bonita! –suspira Ana-Anne–. Ver al robot Andrew como poco a poco se va haciendo humano es algo que siempre me emociona.
–No es para tanto ­–discrepa levemente Lewis Luis.
–Lo que pasa es que no tenéis corazón ­–apoya con un mohín Rosa-Rose.
–Será eso ­–responde Jonny-Juan resignado–, pero vamos a darnos prisa, tengo hambre y me apetece una de esas pizzas que guardamos en la nevera.

En cuanto cruzan la puerta del apartamento Jonny-Juan y Lewis-Luis utilizan la app del móvil para poner en stand-by a las chicas y las enchufan.
–Esta vez hemos ido muy justos, casi se quedan sin batería.
–¿Tú crees que sospechan que no son humanas? –pregunta Jonny-Juan con un gesto de duda.
–No lo sé, pero no tardarán mucho en darse cuenta de que nosotros envejecemos y ellas no.
–¡Bah, qué más da! De momento tenemos chicas y para entonces espero que la empresa que las fabrica ya haya resuelto eso de alguna manera. 

viernes, 9 de marzo de 2018

La primera guerra



Mientras cierro la bolsa de los peluches miro la devastación que hay a mi alrededor, es increíble que todo esto estuviera lleno de vida hace apenas unos años, que por las calles de esta pequeña urbe correteasen niños. Es casi irreal que esta bolsa de peluches haya resistido indemne los bombardeos al igual que nosotros. Todo lo que queda son cascotes de lo que antes fueron viviendas y comercios, polvo, despojos de ropa y objetos rotos que antaño fueron parte de un hogar y que ahora no son ni recuerdos. Los bombardeos han borrado hasta los recuerdos.
Cargo la bolsa al hombro y camino hacia el refugio donde quedan los últimos restos de humanidad que han dejado las explosiones, allí resistimos unos pocos entre hambre y sollozos, tratando de conservar una esperanza que cada día se nos escapa más entre los dedos como si solo fuese un puñado de arena. Por el camino me cruzo con algunos soldados, mensajeros de la muerte, no sé ni de qué bando son ni me importa, de hecho no sé ni en que bando estoy yo. Solo somos juguetes rotos dentro de una pesadilla.
Marte aún es un planeta joven para la vida, no hace ni cincuenta años marcianos que llegamos aquí, no llega a diez que podemos respirar en el exterior y ya hemos hecho la primera guerra. No importa mucho cómo se inició, si no fue la política fue la religión y si no alguna otra idiotez sin valor, pero ya estamos a punto de exterminarnos y devastar lo construido. Con un poco de suerte moriremos todos y solo quedarán las plantas y animales que trajimos con nosotros desde la madre Tierra, quizás así el planeta tenga alguna oportunidad de continuar con vida.

miércoles, 24 de enero de 2018

Prácticamente igual



Contemplo sus ojos marrones y sé que aún queda mucha vida dentro, estoy segura, estoy absolutamente convencida de toda esa vida que queda. Por eso le bajo los párpados, cierro la cápsula, activo los controles de temperatura y pulso el botón que le introduce en el crematorio. Está dormido, la inyección hizo su efecto hace unos pocos minutos. No sufrirá.
Fue un golpe terrible cuando nos enteramos de su enfermedad, ya muy avanzada, incurable.  Así que no lo pensamos dos veces y vinimos aquí para poder prepararlo todo antes del fatal desenlace.
Han sido muy duras las últimas semanas. Horas y horas de conexión al ordenador para descargar sus recuerdos, sus sentimientos, su personalidad, su amor. Extrayendo células de su cuerpo para clonar hasta el último detalle: huesos, músculos, corazón, vísceras, uñas, pelo... Incluso esos ojos marrones por los que yo me volví loca un día. Hasta el más mínimo detalle es idéntico a cómo era él hace veinte años. Puestos a elegir, mejor con treinta, ¿no?
Exactamente igual excepto por un nimio detalle en su cerebro, que fue recargado tal y como estaba hace un par de días, salvo por un ligero retoque. Al fin y al cabo soy yo la que pago. Se acabaron las infidelidades por su parte, ahora me deseará como si no hubiese otra en el mundo y, por supuesto, será mucho más comprensivo con las mías. Un pequeño acuerdo que tuvimos la doctora y yo en un aparte por una módica cantidad.
¡Qué fácil es ser feliz en estos tiempos!

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Esa mirada



Maldiciendo el día que aquel cable se rompió y el auto quedó varado en el arcén de aquella solitaria y polvorienta carretera de provincias, maldiciendo que Rubén pasase por allí a unas horas tan intempestivas con su Mercedes deportivo, repeinado con gomina, musculoso, bronceado, y con una mirada que arrebataba el alma.
Pero no, no he de dejarme llevar por los recuerdos obscenos, no he de maldecir y he de dar gracias a Dios por su omnipresencia, que hizo de mí su instrumento.
Rubén se ofreció a llevarme hasta la siguiente gasolinera, eran tiempos sin teléfonos móviles. El aire cálido de la noche volaba mi cabello en aquellos mullidos asientos, yo era joven y hermosa, dicen que aún lo soy, y la flor de la pasión arrebató nuestros cuerpos antes si quiera de llegar a la gasolinera. Un hotel de carretera nos sirvió para caer en la tentación.
Tuve que matarlo. El demonio nos había llevado hasta allí.
De aquello hace diez años. Diez años encerrada en esta prisión purgando mi penitencia por ceder a la tentación de la carne. Pero he aprendido, ahora soy más fuerte, Dios me ama y yo a Él. Me he convertido en una presa modelo que sin rechistar come lo que le ponen, hace lo que le mandan y obedece en todo. Todos los carceleros están contentos conmigo y siempre comentan que ojalá todas las presas fueran como yo.
Y ahí viene Juan, me trae la comida cada día a la misma hora, me saluda con afecto y deja la bandeja en la mesa. Mi ración es abundante, juraría que más que la de las otras. Sentada en la cama le observo actuar, es guapo y amable, y juraría que me mira de un modo especial que…

sábado, 28 de octubre de 2017

Amistad



“Amén”, esa palabra es lo último que recuerdo de la muerte de mi amigo Fernando. Eso, y un tío vestido con camisa blanca, y traje y corbata negros a lo Pulp Fiction reflejado en el turbio espejo de los aseos del Bar Tomasito apuntando a la sien derecha de mi amigo. Le descerrajó un disparo mientras pronunciaba esa palabra para cerrar el momento, “amén”. Una vez oí que los mafiosos imitaron al Padrino tras la película, supongo que ahora los pistoleros copian a los personajes de Tarantino. Me quedé helado al abrir la puerta del baño y ver aquello, fue un shock, solo acerté a darme la vuelta, cerrar con cuidado y largarme de allí no fuese a dispararme a mí también por error. Estas cosas parece que solo pasan en el cine, pero no, si pagas bien también suceden en la realidad, tras la puerta de aquel baño quedó inerte en el suelo la prueba de mi inversión.

No queda mucho ya

–Con un poco de suerte moriremos todos antes de que tenga que ver otra vez esa peli, ¡Dios, creo que voy a vomitar! ­–comenta Jonny-Juan...