lunes, 1 de octubre de 2018

Señales inequívocas


–Comienzan a acumularse en la superficie del planeta una enorme cantidad de basuras sin fin –expuso indiferente el funcionario revisando la documentación–, los desperdicios cubren casi cualquier área del planeta, no se detectan zonas sin contaminar.

–No hay duda –concluyó el observador jefe con tristeza–, no hay vida inteligente en la Tierra. Qué pena.   

Principitos


Comienzan a acumularse en la superficie del planeta los principitos venidos de todos los rincones del mundo. Es un planeta pequeño, cada uno habla un idioma y no se entienden, pero se han organizado para cuidar a la rosa, saben lo que es importante de verdad.

Empatía planetaria


Comienzan a acumularse en la superficie del planeta las penas, la soledad, los sufrimientos y el dolor de sus habitantes. El peso es tal que poco a poco se ha ido haciendo más pequeño sin que nadie se percate de ello, y así, minuto a minuto la distancia que les separa casi ha desaparecido. A no tardar mucho volverán a estar juntos, y esa proximidad encumbrará de nuevo los sentimientos positivos, afecto, cariño, amor. Antes de que nadie se dé cuenta ese calor dilatará de nuevo el planeta, y el ciclo se cumplirá como tantas otras veces.

sábado, 21 de julio de 2018

Maestro Sigh


—¿Sigues siendo tú?
—El interior no cambia maestro, mira allí.
El maestro Sigh sabía que era posible, pero le costaba creer que aquel ser metálico de casi dos metros de altura pudiera ser el mismo joven aprendiz humano que un día tuvo bajo su tutela. Sin embargo, si cerraba los ojos y miraba en el interior de aquella máquina aún podía ver la luz de su discípulo Whisper, más madura, mucho más segura de sí misma, pero con el mismo principio vital.
—Sí, en esencia sigues siendo el mismo, pero veo también que el camino ha sido duro.
—Lo fue maestro, lo fue. Pero todo acaba aquí, el círculo debe cerrarse.
—Así es y así ha sido siempre.
Los dos repetían la fórmula ancestral que era el preludio de la pelea a muerte entre ambos, solo podía quedar uno. Cada nacimiento implicaba una muerte, los recursos eran limitados y la población debía serlo también, era el precio de la inmortalidad. Tiempo atrás su sobrina Light decidió tener un hijo, Sigh dio el consentimiento como maestro de la familia, ahora tenía que enfrentarse a su decisión. Tras más de mil años sintió que había llegado su hora, Whisper era joven, fuerte e inteligente, y aunque él también lo aparentase, sabía que no era así. Se dispuso a ser vencido, no ofrecería resistencia.
—Termina cuanto antes Whisper, ha llegado mi hora.
Sigh bajo la cabeza y cerró los ojos. Sintió un chasquido en el cuello y un viaje hacia la luz como aquellos que contaban algunos, pero no se sintió desvanecer como habría esperado. De repente escuchó una voz.
—Hola maestro.
Aquella voz era la de...
—¡Whisper?
—Sí maestro, me costó encontrarlo, fue duro, pero descubrí cómo salvarnos a los dos siendo uno, no podía permitir que tuviéramos que perderte para siempre.

martes, 26 de junio de 2018

Merlín, la Madrastra y el espejo

-¡Quieres dejar en paz al espejo Reina mía! Deja de insultarle que no te ha hecho nada.
Quien así habla no es otro que el duende servidor de la malvada madrastra de Blancanieves, que por cierto se llama Grimhilde, la madrastra, no el duende, no se me vayan a confundir.
-Si es que es que se cachondea de mí, me deforma y me pone orejas y lengua de cerdo. Si no fuera por la maldición de los siete años de mala suerte ya lo habría roto en mil pedazos.
-Pero qué dices Reina mía un espejo no hace eso, déjame ver.
La reina le entrega al duende aquel extraño espejo traído desde los confines del espacio y el tiempo por el mago Merlín. Y el duende contempla asombrado cómo aquel artefacto le devuelve su mismo rostro, aunque deformado y burlesco, con ojos y morro de cerdo unas veces, otras con orejas de burro y lengua de perro, unas veces gordo y otras flaco, con ojos saltones o labios extremadamente gruesos. Una faz cambiante como las olas del mar, igual que la suya y sin embargo diferente, nunca igual. A todo esto, por qué Merlín está con la Reina Grimhilde es una historia que contaremos en otro momento.
El susodicho Merlín, desde su laboratorio y sin parar de reír, contempla la escena y escucha la conversación a través de una extraña bola de cristal, que proyecta la imagen sobre una pared blanca en la que ahora podemos ver como en el salón de la Reina una tercera voz proveniente del espejo se une a la desopilante escena:
-¿Quieres que Siri cambie los filtros aleatorios?
 


Señales inequívocas

–Comienzan a acumularse en la superficie del planeta una enorme cantidad de basuras sin fin –expuso indiferente el funcionario revisand...