viernes, 1 de junio de 2018

La llegada


-Me pones mucho nervioso, tu dar miedo a mí.
El pobre inmigrante, aterido de frío, envuelto en una manta y con la mirada en el suelo no se atreve a levantar la cabeza, como si bajando la vista pudiese espantar los males que le acechan. Su viaje a sido largo y extenuante hasta llegar a la costa de este país occidental del que no diremos su nombre porque podría ser cualquiera, cualquiera que reciba ahora inmigrantes desde África, o cualquiera que los vaya a recibir en un futuro. Cualquiera que quiera guardar su confortable estilo de vida apartando la miseria en sus fronteras como el que barre fuera la suciedad de su hogar.
Mohamed, que así le llamaremos, no llega a los veinte años y a pesar de estar bastante escuálido es bien parecido. Acaba de llegar en una patera atestada con otros como él, hombres, mujeres y niños, todos buscando un futuro, ni siquiera un futuro mejor, solo un futuro. Bueno, pues Mohamed ha sido llevado a una habitación aparte por tres agentes de la autoridad y claro, está asustado, ya ha enfrentado antes el mal que habita en el ser humano, el viaje no ha sido un camino de rosas. Solo diremos que Mohamed adivina las intenciones de esos tres pares de ojos libidinosos, y que un hombre como él no puede quejarse de lo que le van a hacer, ellos son la autoridad aquí. Tendrá que vivir con ello pase lo que pase, será un roto más en la tela de su espíritu, solo espera que no sea el roto que la acabe de desgarrar.
-Vamos, Mohamed, acércate, no tengas miedo, no te vamos a comer.
Mohamed lee en sus rostros la verdad, que sí, que le van a comer, pero saberlo no hace que duela menos.

viernes, 11 de mayo de 2018

Me pones mucho


-¿Cuántos le pongo?
-Mucho.
-¿Mucho?
-Sí, mucho, me pones mucho.
-Disculpe, le he preguntado cuántos le pongo, no cuánto le pongo.
-¡Ah! Disculpa. ¿Y de qué me tienes que poner?
-¿Pero usted no ha venido a comprar?
-La verdad es que no, pero si lo consideras necesario compraré algo, ¿qué vendes?
-Vendo fruta, lo tiene usted delante de sus narices.
-Disculpa es que solo tengo ojos para ti, me pones tanto…
-¡Y dale con eso! O me compra algo o paso de usted y atiendo a otra clienta.
-¡Jo, si te pones así te compraré algo! ¿Qué es eso de ahí?
-¡Pues qué va a ser, plátanos! ¿Pero usted de dónde ha salido?
-No lo sé, qué más da, eres tan guapo…
-Y dale con eso, quiere dejarlo ya.
-Es que no puedo.
-Pues vaya lío que tiene usted.
-Verdad que sí.
-Bueno, volvamos a los plátanos, ¿cuántos le pongo?
-Mucho, me pones mucho.

lunes, 9 de abril de 2018

No queda mucho ya


–Con un poco de suerte moriremos todos antes de que tenga que ver otra vez esa peli, ¡Dios, creo que voy a vomitar! ­–comenta Jonny-Juan en cuanto ve a las chicas desaparecer en el baño.
–Es posible que muramos antes –asegura Lewis-Luis–, pero no tienes huevos de decírselo a la cara.
–Ni de coña, es su favorita.
–Pues entonces me temo que tendrás que volver a verla
–Sí, lo sé –asiente Jonny-Juan fingiendo una tristeza infinita mientras mira hacia la puerta del aseo por el que tienen que salir las chicas–, pero espero que se den prisa, no tenemos mucho tiempo.
Ana-Anne y Rosa-Rose salen de los aseos secándose aún las lágrimas.
–¡Es tan bonita! –suspira Ana-Anne–. Ver al robot Andrew como poco a poco se va haciendo humano es algo que siempre me emociona.
–No es para tanto ­–discrepa levemente Lewis Luis.
–Lo que pasa es que no tenéis corazón ­–apoya con un mohín Rosa-Rose.
–Será eso ­–responde Jonny-Juan resignado–, pero vamos a darnos prisa, tengo hambre y me apetece una de esas pizzas que guardamos en la nevera.

En cuanto cruzan la puerta del apartamento Jonny-Juan y Lewis-Luis utilizan la app del móvil para poner en stand-by a las chicas y las enchufan.
–Esta vez hemos ido muy justos, casi se quedan sin batería.
–¿Tú crees que sospechan que no son humanas? –pregunta Jonny-Juan con un gesto de duda.
–No lo sé, pero no tardarán mucho en darse cuenta de que nosotros envejecemos y ellas no.
–¡Bah, qué más da! De momento tenemos chicas y para entonces espero que la empresa que las fabrica ya haya resuelto eso de alguna manera. 

viernes, 9 de marzo de 2018

La primera guerra



Mientras cierro la bolsa de los peluches miro la devastación que hay a mi alrededor, es increíble que todo esto estuviera lleno de vida hace apenas unos años, que por las calles de esta pequeña urbe correteasen niños. Es casi irreal que esta bolsa de peluches haya resistido indemne los bombardeos al igual que nosotros. Todo lo que queda son cascotes de lo que antes fueron viviendas y comercios, polvo, despojos de ropa y objetos rotos que antaño fueron parte de un hogar y que ahora no son ni recuerdos. Los bombardeos han borrado hasta los recuerdos.
Cargo la bolsa al hombro y camino hacia el refugio donde quedan los últimos restos de humanidad que han dejado las explosiones, allí resistimos unos pocos entre hambre y sollozos, tratando de conservar una esperanza que cada día se nos escapa más entre los dedos como si solo fuese un puñado de arena. Por el camino me cruzo con algunos soldados, mensajeros de la muerte, no sé ni de qué bando son ni me importa, de hecho no sé ni en que bando estoy yo. Solo somos juguetes rotos dentro de una pesadilla.
Marte aún es un planeta joven para la vida, no hace ni cincuenta años marcianos que llegamos aquí, no llega a diez que podemos respirar en el exterior y ya hemos hecho la primera guerra. No importa mucho cómo se inició, si no fue la política fue la religión y si no alguna otra idiotez sin valor, pero ya estamos a punto de exterminarnos y devastar lo construido. Con un poco de suerte moriremos todos y solo quedarán las plantas y animales que trajimos con nosotros desde la madre Tierra, quizás así el planeta tenga alguna oportunidad de continuar con vida.

miércoles, 24 de enero de 2018

Prácticamente igual



Contemplo sus ojos marrones y sé que aún queda mucha vida dentro, estoy segura, estoy absolutamente convencida de toda esa vida que queda. Por eso le bajo los párpados, cierro la cápsula, activo los controles de temperatura y pulso el botón que le introduce en el crematorio. Está dormido, la inyección hizo su efecto hace unos pocos minutos. No sufrirá.
Fue un golpe terrible cuando nos enteramos de su enfermedad, ya muy avanzada, incurable.  Así que no lo pensamos dos veces y vinimos aquí para poder prepararlo todo antes del fatal desenlace.
Han sido muy duras las últimas semanas. Horas y horas de conexión al ordenador para descargar sus recuerdos, sus sentimientos, su personalidad, su amor. Extrayendo células de su cuerpo para clonar hasta el último detalle: huesos, músculos, corazón, vísceras, uñas, pelo... Incluso esos ojos marrones por los que yo me volví loca un día. Hasta el más mínimo detalle es idéntico a cómo era él hace veinte años. Puestos a elegir, mejor con treinta, ¿no?
Exactamente igual excepto por un nimio detalle en su cerebro, que fue recargado tal y como estaba hace un par de días, salvo por un ligero retoque. Al fin y al cabo soy yo la que pago. Se acabaron las infidelidades por su parte, ahora me deseará como si no hubiese otra en el mundo y, por supuesto, será mucho más comprensivo con las mías. Un pequeño acuerdo que tuvimos la doctora y yo en un aparte por una módica cantidad.
¡Qué fácil es ser feliz en estos tiempos!

La llegada

-M e pones mucho nervioso, tu dar miedo a mí. El pobre inmigrante, aterido de frío, envuelto en una manta y con la mirada en el suelo ...