Inspiración


Cuando aquella mañana Luisa leyó en el periódico lo del concurso de relatos sus dedos se fueron solos hacia el teclado del ordenador, tanto que parecieron llegar unos segundos antes que ella.
Ahora estaba allí, en aquella silla de cinco ruedas, tal y como mandaban los cánones de la salud, frente a una pantalla, también a la altura justa para no dañarse ni la espalda ni el cuello, que le mostraba una página de Word de un blanco inmaculado.
Y con la mente también en blanco.
Pero eso no duraría mucho, a ella le gustaba escribir, siempre tenía alguna idea, incluso llevaba a todas partes consigo una libretita donde las apuntaba. No recordaba donde había puesto la dichosa libretita y no pensaba levantarse, pensaba seguir allí, en aquella silla, hasta que viniese la idea y la pudiese escribir: ella siempre tenía alguna idea.
Sonó el teléfono. No lo iba a coger, no quería que nada la distrajera. Cesó el ruido del aparato y comenzó a tronar el móvil. No importaba, tampoco iba a contestar, el que fuera ya dejaría un mensaje si era importante, en caso contrario tampoco se perdía nada.
Las horas pasaban y Luisa se revolvía inquieta en la silla sin moverse, sin ninguna idea que redactar en aquella pantalla en blanco que la aturdía con su monótono e imperceptible parpadeo.
Miró por la ventana y contempló como el crepúsculo se derramaba sobre el barrio, quizás la aventura que buscaba estaba detrás de aquellos cristales. Pensó en ello y desechó la idea, no era la historia que buscaba. Se concentró en imaginar algo realmente interesante.
Le rugieron las tripas y sintió la punzada del hambre, sin embargo su determinación era tal que abandonó al instante la idea de levantarse a preparar algo de comer.
El sueño la acosó sin medida hasta vencerla, y cuando despertó no vio el dinosaurio que le hubiera gustado para encontrar la inspiración necesaria.
Ya no era importante el concurso, ya casi lo había olvidado, lo importante, lo verdaderamente importante, era su determinación de permanecer allí, sentada en aquella silla frente a aquella pantalla, para no dejar pasar a la musa en cuanto se presentase y así poder plasmar en el ordenador aquel maravilloso cuento fruto de una inspiración tan trabajada.

2 comentarios:

Maria Coca dijo...

Curioso... La motivación cambió como las horas... Y ganó su amor propio.

Gracias por aparecer y dejar que llegara hasta tu lugar. Me gusta lo que leo aquí.

Besos desde mi orilla.

Míchel dijo...

Bienvenida María, un verdadero placer verte por aquí.