Sigue vivo


La desolación acompañaba al viajero que se atrevía a adentrarse en aquellos parajes. Las nubes oscuras sombreaban aquel desierto de Mordor no dejando que ningún rayo de luz las atravesase, era tal la calígine que, pese a que era una hora matutina, llevaba una antorcha encendida. Avanzaba lentamente, asegurando cada paso, cada movimiento, manteniendo el silencio constante como una pesada carga que llevar sobre sus hombros.
Sí, allí al final brillaba algo. Estuvo a punto de precipitarse en una loca carrera, pero la prudencia actuó como un freno en sus músculos reteniéndole y decidió continuar con su avance lento.
La leyenda era cierta y el anillo único no había sido destruido, continuaba brillando. Frodo sonrió por primera vez en mucho tiempo.

No hay comentarios: