La Memoria de la Duda (10/13)

10.- "...hay esperanza"

Cuando Mafer entró en la amplia sala los inquisidores ya ocupaban sus estrados, los cinco le miraron con interés mientras avanzaba desde la puerta sur hasta el banquillo. El aspecto que presentaba no podía ser peor. Después de toda una noche sin dormir, con los nervios destrozados, las ojeras remarcaban aún más la angustia de su mirada, y sus hombros caídos parecían haber olvidado a aquel hombre erguido que bajó de la aeronave en este mismo planeta hacía ya... tanto tiempo. Sus pies se arrastraron por el suelo como un par de lentas babosas, y el resto de su cuerpo pareció seguirlos en un movimiento agónico que iba pregonando su inminente caída. Cuando al fin llegó a su asiento y se desplomó en él, toda la estancia pareció relajarse por el fin de la peregrinación angustiosa del escuálido Mafer.
Se sentía realmente agotado. En su última noche había consumido el resto de sus ya extintas fuerzas. Únicamente su orgullo le permitió llegar solo hasta su asiento y rechazar la ayuda de los guardias situados a la entrada. Podía imaginarse lo insufrible que les sería la imagen a algunos de los miembros del tribunal, era un arma más en esta guerra psicológica: "Que contemplen su obra, habrán vencido al cuerpo, pero la mente y el espíritu siguen firmes. ¡Os voy a derrotar, voy a seguir vivo!". Al llegar sintió que había ganado la penúltima batalla. Ahora debía concentrarse para derrotar en la última al espíritu intranquilo del indeciso Labug.
Contemplando inmóvil el lúgubre espectáculo que se le ofrecía enfrente, Labug prácticamente se sintió impulsado a ayudar al preso, pero su posición como presidente le impedía bajarse de la tarima. Sufrió cada paso, y recordó a aquel otro hombre que había empezado el juicio hacía ya más de un año: sereno, con paso ágil y rápido, casi dispuesto a bailar con cada palabra que pronunciaba. Mientras sus pensamientos volaban en el tiempo su aspecto externo era el mismo de siempre: estático, sereno, inmutable. Obligó a su mente a concentrarse en el presente y en las exigencias de su cargo, y retornó al juicio.
-Con el tribunal al completo y el reo presente, queda abierta la sesión. Que quede todo grabado como prueba de justicia. El inculpado tiene derecho a una argumentación final, después nosotros cinco: Alar Ant, Migan Ark, Rabra Mar, Enan Vad y yo mismo Labug Ram, como jurado, nos retiraremos a deliberar hasta emitir un veredicto. Posteriormente yo, como Inquisidor Jefe, dictaré sentencia. El acusado puede empezar.
Mafer no intentó ponerse en pie, ya no le quedaban fuerzas. Miró uno por uno a los cinco inquisidores creyendo conocer de antemano cual era el veredicto de cuatro de ellos: Enan Vad y Alar Ant le consideraban un aliado de Hijar, mientras que Rabra Mar y Migan Ark dudaban que fuera posible tal alianza y le declararían inocente. Las preguntas de cada uno de ellos y sus actos los habían delatado; Mafer había estado atento a todos los detalles. También sospechaba el estado de incertidumbre de Labug: hoy tenía su última oportunidad para ganárselo.
-Inquisidor Jefe, inquisidores del tribunal. Me piden que hoy, aquí, en poco tiempo, intente salvar mi vida con unas pocas palabras cuando llevamos ya más de un año de juicio en el que he testificado en más de cincuenta sesiones en las que me han interrogado una y otra vez sobre los mismos temas. Han visto videolografías, comprobado pruebas, recabado el testimonio de testigos y médicos. Han verificado personalmente que me regenero, me han vigilado día y noche, han controlado mis movimientos a cada segundo, no tengo nada que ocultar, ya saben más de mí que yo mismo.
“Pero no están aquí para juzgar mi conducta, ni mis pensamientos, ni siquiera si soy bueno o malo. Lo único que han pretendido averiguar en todo este tiempo es si mi poder proviene de Dios, de Hijar, o simplemente es un error genético ocurrido por azar. Espero que mis palabras penetren en su corazón y puedan contemplar la obra de Dios en mi persona, o al menos la de la Naturaleza, al igual que en el resto de la humanidad, ni más ni menos, que vean en mí al simple mortal que creo ser, que retiren de su pensamiento y de su corazón la más leve sombra de duda que aún les pueda quedar, que comprendan que yo no pedí este don, y que me fue concedido por unos motivos que no alcanzo a comprender y con un fin que me es desconocido.
“Sí, poseo el don de la regeneración corporal, sería imposible negarlo. Y me acusan, basándose en el párrafo de su libro sagrado que ya hemos mencionado mil veces, de que este don no es tal, sino que es un favor debido a Hijar. Yo les aseguro que no, que no le pedí este don ni a Dios ni al Maligno, y que creo que si alguno me lo concedió este fue Dios. ¿Por qué?, se preguntan. Yo no les puedo dar la respuesta, seguramente ustedes que son hombres de Dios estén más cerca de ella que yo.
“Les recordaré una vez más las líneas de El Padio ya mencionadas: "...y habrá que mantener especial vigilancia en aquellas características que, aun siendo congénitas en otros seres, no le son propias a la naturaleza del hombre, porque podrán ser usadas por el Maligno para sus propios fines...". Como podrán observar el texto no condena al poseedor del don o dones, sólo obliga a una "especial vigilancia... porque podrán ser usadas por el Maligno...", no porque de la regeneración se deduzca invariablemente la mano de Hijar, ni tampoco porque Hijar sea el único que puede otorgar la regeneración a un ser humano, no existe la implicación de los hechos en ninguno de los dos sentidos, sino porque es posible que las aproveche el demonio, ¡sólo POSIBLE!, no es determinista. Y yo no creo haber hecho ningún mal a nadie, juzguen mi conducta, no mi poder, juzguen si lo empleo con fines perversos o si por el contrario no hago el mal a nadie, juzguen si intento el bien a mi alrededor. ¡Juzguen mi vida, mi historia!, la conocen mejor de lo que yo la recuerdo. Jamás empleé mi don para beneficiarme de nada; sin embargo, alguna vez sí perdí parte de mi cuerpo para salvar a otro, recuerden esos hechos. Enjuicien mis actos, no soy perfecto, pero no me aprovecho de mi don para sacar ventaja.
Mafer se tomó un respiro antes de continuar, necesitaba tranquilizarse un poco, notaba como la tensión acumulada estaba pudiendo con su autocontrol.
-Todos sabemos que la regeneración es innata en varios seres vivos de diversos planetas, e incluso que los científicos llevan siglos intentando encontrar la llave que la ponga en marcha para evitarse los engorrosos implantes y los molestos miembros biónicos. Por qué en mis células se activa la información genética que en el resto de los mortales parece dormida sigue siendo un misterio, pero por ser algo desconocido no tiene por qué provenir de un pacto con el diablo, sólo es algo distinto. No se dejen llevar por el miedo a lo desconocido, háganle frente, renueven su espíritu, salgan reforzados de la experiencia, afirmen aún más los cimientos de su fe.
“Yo ya he sufrido mi penitencia en este último año. Sólo espero que ello les sirva para ampliar sus horizontes, que no caiga en saco roto mi dolor, permítanme continuar mi vida, sencilla y tranquila. Por favor, busquen la verdad en el fondo de su corazón y apiádense de mi.
Mafer no pudo más y rompió a llorar tapándose la cara con las manos. Aunque se había jurado a sí mismo no hacerlo, la sombra de la muerte que se cernía sobre él, los nervios y la falta de alimento pudieron con su promesa. Pero su discurso no fue hecho al vacío, Labug, por primera vez en su vida cambió de modo visible la expresión de su cara durante una vista, llegando incluso a asentir con la cabeza en algunos momentos de la alocución. Mafer no pudo percatarse de este hecho, su mirada se perdía mientras hablaba en un infinito irreal que le hacía parecer un autómata, su vista estaba nublada por la lasitud.
Al terminar Mafer, Labug recobró repentinamente la compostura con un movimiento seco y sentenció siguiendo el ritual al que estaba acostumbrado después de tantos años en el cargo:
-El tribunal se retira a deliberar.

No hay comentarios: