La Memoria de la Duda (11/13)

11.- "Todos juntos en reunión"

Los cinco jueces se levantaron casi al unísono dejando allí al compungido Mafer arrugado en su asiento, y mecánicamente, con el gesto repetido tras cientos de días de proceso, abandonaron el Patio de los Infieles por una de las puertas laterales, recorrieron en silencio un corto pasillo y penetraron en una pequeña estancia, protegida contra toda infiltración proveniente del exterior, donde siempre se reunían a deliberar. La sala estaba ocupada únicamente por una larga mesa rodeada de sillas donde se fueron aposentando uno a uno los religiosos mientras los iluminaban varios potentes flotaluces, programados para situarse de acuerdo con la posición que ocupaban alrededor del tablero. Una vez que todos estuvieron sentados Labug fue el primero en hablar:
-Acabamos de escuchar el último testimonio del acusado y nos reunimos ahora por vez primera después del período de reflexión individual. Hemos revisado y discutido el caso numerosas veces todos juntos, y supongo que cada uno de vosotros lo habrá analizado detalladamente en privado, por lo tanto no creo que debamos volver a discutir el caso si vuestras posiciones no han cambiado desde la última reunión, salvo que alguno quiera aportar algo nuevo o se haya visto influido de manera significativa por el discurso final del inculpado.
Labug calló, y el silencio se condensó durante unos breves instantes alrededor de los allí presentes.
-Así pues -continuó tras el paréntesis-, si os parece, nos evitaremos repetir la discusión de siempre si hablamos de uno en uno explicando nuestra postura y sus motivaciones, sin turno de réplica, y reservándome yo el turno final como presidente del tribunal en este caso.
-Por mí de acuerdo -intervino rápidamente Alar Ant sin dar tiempo a nadie a expresar su opinión-, empezaré yo mismo. El acusado es culpable, no me queda la menor duda de ello, y debe ser desintegrado si no se arrepiente. Es un extranjero infiel, y por lo tanto más fácilmente influenciable por el Maligno para conseguir sus fines. Por su boca no he escuchado más que argumentaciones diabólicas en contra de la palabra de Dios, ha retorcido los textos sagrados empleándolos para tergiversar su significado; la frase que nos ha leído es clara y no precisa de mayor explicación, le señala de modo inequívoco como un enviado de Hijar. Su... su poder, como él lo llama, no es más que algo demoníaco que sólo puede llevar la desgracia consigo, el resto sólo ha sido palabrería durante este último año para tratar de engañarnos y hacernos flaquear en nuestra fe. El acusado es culpable, no hay duda, sus... características especiales sólo pueden provenir de un pacto con Hijar que arrastrará la herejía allí donde vaya -sentenció elevando la voz para finalizar su alocución.
Durante unos segundos todos callaron tras el tronar de la voz de Alar Ant que pareció repetirse produciendo un eco en las paredes de la estancia. Ninguno parecía decidido a continuar y todos se miraban entre sí esperando que alguno prosiguiera y rompiese el repentino silencio que había dejado el eco.
-Por el contrario -intervino Migan Ark siseando tranquilo mientras continuaba su interminable girar de manos, frotando una contra otra una y otra vez- yo opino que es inocente. Como bien ha dicho Mafer, de la lectura de los textos sagrados no se deduce indefectiblemente la intervención de Hijar en él. Creo más bien que es sólo una advertencia para detectar su presencia en algunos casos, pero no en todos, sino ¿de qué otra manera podría otorgar Dios esos dones sin que los considerásemos obra del diablo? Pienso que Mafer ha llevado una vida digna para los cánones que están fuera de nuestras creencias, y esta es la única manera en la que podemos juzgarle y ver que es obra de Dios y no del Maligno: sólo emplea su poder para ayudar a los demás, no para ayudarse a sí mismo. ¿Cómo podemos juzgar a un hombre sólo por ser diferente?, ¿deberíamos condenar al pájaro sólo por que él es capaz de volar y nosotros no, a pesar de que somos, según decimos, la obra cumbre del Creador?, ¿somos capaces en este caso de asegurar sin equivocarnos que Mafer es un hereje, de afirmar sin temor a errar que su prodigiosa curación es obra de Hijar, de ver en él la sombra siquiera del Maligno?, yo afirmo que no; y de no ser así, ¿alguien sería capaz de explicarme que extraña herejía esta expandiendo este hombre entre nuestro pueblo que merezca su destrucción?, porque yo no la veo, no veo el mal por ningún lado por más empeño que pongo. Señores, seamos justos con él, con Dios, y con nosotros mismos, y reconozcamos nuestro error, devolvámosle la libertad y que Dios se apiade de nosotros por el mal que le hemos causado a este pobre hombre.
-Yo tengo que opinar lo mismo que Migan -apoyó Rabra Mar a Migan Ark animado por su discurso-, el inculpado es inocente. Las razones anteriores me parecen ya de por sí lo suficientemente sólidas como para exculparlo, pero además me gustaría añadir mi experiencia personal durante el juicio. Jamás, a pesar de mis esfuerzos, conseguí ver intervención maligna en el reo, ni en sus respuestas, ni en el experimento que llevamos a cabo con él; lo que sí he visto es sufrimiento y dolor, a veces hasta resignación, pero no ganas ni motivos para extender una herejía -descansó un segundo y continuó iracundo, mientras se le iluminaba la nariz con un rojo intenso-. ¡No podemos esperar imbuir del espíritu divino a nadie por la fuerza! Este pobre hombre es un extranjero en tierra extraña que no ha hecho mal a nadie en su vida, y venimos nosotros y ¡hale!, por no hacer nada le dejamos encerrado un año en nuestras mazmorras; y no contentos con eso le cortamos un pie y una oreja mientras observamos impasibles su dolor. ¡Y nosotros nos decimos hombres de Dios!, quizás deberíamos aprender algo más de aquellos a los que despreciamos. Abramos los ojos, Hijar existe y está ahí, pero no para que nosotros eliminemos a todos los sospechosos, sino para intentar que pequemos, que nos desviemos de nuestro camino. No juguemos a su favor, y seamos más abiertos y tolerantes, releamos El Padio con nuevos ojos e interpretemos de nuevo su mensaje. Que, como nos ha dicho Mafer, su dolor nos sirva para aprender y renovar nuestra fe.
Mientras hablaba, Enan Vad sonreía. Conocía el carácter impetuoso de Rabra Mar y se creía seguro en su victoria, pues estaba seguro de que Labug permanecería fiel a Las Escrituras. Los dos testimonios anteriores solamente les servirían a los dos inquisidores para pasar una buena temporada a la sombra "renovando su fe", como bien había dicho Enan Vad.
-Bueno, bueno, dos inocentes contra un culpable. Si yo le declaro inocente ya seremos tres contra dos y nuestro amigo saldrá en libertad.
Rabra Mar y Migan Ark se miraron entre sí y contemplaron también intrigados al irónico Enan Vad.
-Pero no será así -y aumentó su sonrisa frente a los demás inquisidores-, nuestro prisionero es culpable, es un discípulo de Hijar y por lo tanto deberá ser eliminado. El Padio le condena claramente como hijo del diablo, y su actitud durante el proceso y en su vida anterior también. ¿Que jamás había roto un plato en su vida?, qué mejor fachada para venir al centro del universo, a la morada de los Creyentes, a extender como la peste su maldición. ¿Qué esperabais, que viniera con un cartel anunciándolo, que saliese en las noticias? El demonio se camufla para que no lo descubramos, pero el ojo de Dios lo ve todo, a Él no se le escapa nada y hace que el Maligno se descubra. Supongo que ya se ha olvidado su acción incalificable cuando le sujetamos con los electrogrilletes: ahí la debilidad humana nos dejó ver la verdadera faz de lo que se ocultaba detrás. Y el discurso de hoy, -estaba ciego de ira, de rencor, saboreaba la sangre en el paladar, su fanatismo guiaba su lengua mas rápida que su pensamiento. Este era su triunfo, y su aparente calma había desaparecido dejando ver su verdadero rostro- ¿qué os ha parecido ese discursito?, pues yo os diré lo que era: palabras salidas de la misma boca de Hijar. ¡Atreverse a explicarnos a nosotros El Padio, cuando nosotros somos los intérpretes de la Palabra de Dios! El texto es claro: Mafer es culpable, y todo lo demás sobra. ¿Y qué me decís de su lloriqueo final?, no es sino otra estratagema para ablandarnos, para que le perdonemos y además nos sentamos culpables de haberle tratado tan mal. No seáis ridículos. Yo digo que no debemos tener piedad, que la Justicia debe caer sobre él con todo su poder y debe morir para evitar que otros se contagien de su mal. El hereje debe ser destruido, desintegrado.
Todos le miraban estupefactos, nunca antes había estado tan exacerbado exponiendo su opinión. Los ojos, rojos de ira, parecían volver a su expresión habitual de dulzura mientras todo su cuerpo se relajaba de la tensión.
De repente todos fueron conscientes de la situación: empate a dos en el veredicto. Lo de menos era cómo había expresado cada uno su opinión, ahora lo único importante era la decisión de Labug, algo que todos desconocían. La postura de los cuatro era conocida entre ellos hacía tiempo, había que ser ciego para no saberlo tras los enfrentamientos abiertos que habían tenido las dos partes. Pero ¿y Labug?, jamás dijo nada en uno u otro sentido, jamás tomó parte por uno de los bandos, su postura fue siempre neutral. En sus próximas palabras estaba la solución. Poco a poco todos volvieron sus cabezas hacia él y lo contemplaron expectantes con atención.
-Si alguno desea cambiar su voto antes de que yo de el mío, que lo haga ahora -su voz seguía sonando impersonal, distante-. Ya sabéis que después no se podrá, y como en este caso hay empate a dos en los votos, eso implica que dos de vosotros estáis equivocados y deberéis pasar posteriormente un tiempo de reflexión para reconsiderar vuestra postura. Así pues, si alguno considera errada su opinión anterior que hable ahora.
Sólo se escuchó el ruido de las respiraciones de los cinco hombres allí encerrados. Unos breves instantes de silencio en los que se miraban unos a otros esperando el imposible cambio de opinión de uno de ellos. Mientras, Labug rezaba para que el Señor le apartase el peso de la decisión. El tiempo pareció eterno.
-Bien, como ninguno ha decidido cambiar su dictamen, recae sobre mí el voto decisivo de la inocencia o culpabilidad del acusado. Ante todo quiero que sepáis que es un peso que le he pedido al señor en mis oraciones no tener que soportar en estos momentos, pero si esta es su voluntad, que se cumpla. Antes de emitir mi voto quiero deciros que para mí no ha sido una decisión tan sencilla como me parece que lo fue para alguno de vosotros: al comenzar el juicio, el texto de El Padio donde nos alerta sobre los poderes antinaturales del hombre me parecía claro; con el tiempo, y a medida que se desarrollaba el proceso, fue surgiendo en mí la duda sobre la interpretación de los textos sagrados. Este hombre, como ya habéis dicho alguno de vosotros, no parece haber hecho ningún mal, y eso me tenía confundido. ¿Cómo puede Hijar manifestarse en un hombre sin que este haga el mal? Pensé primero en algo que también se ha dicho aquí, que era sólo una máscara que ocultaba detrás la verdadera faz de una herejía, ¿pero qué herejía podía propagar sólo con que se le regenerase un brazo?, eso no parece ser por sí mismo la base de ninguna apostasía contra nuestra fe.
Los otros cuatro magistrados se revolvían inquietos en sus asientos, no sabían donde quería llegar Labug: ¿les estaba contando sus motivos para declararle inocente o les estaba mostrando el camino que lo había llevado a declararle culpable? Todos eran conscientes de lo que había en juego a parte de su carrera religiosa.
Labug proseguía con su discurso:
-No conseguía ver si existía un motivo oculto de Hijar en todo esto, así que le pedí a Dios que me iluminara para tomar la elección correcta, y fue entonces cuando lo vi claro. ¿Cómo no me había dado cuenta antes, cómo había estado tan ciego? Lo teníamos ahí delante durante todo el juicio y no éramos capaces de verlo porque estábamos dentro. No habéis notado nuestras disensiones, cómo crecían, cómo salían de estas cuatro paredes, cómo se convertían en personales, y cómo nos separaban del verdadero objetivo de nuestra fe. Cómo poco a poco este hombre nos estaba dividiendo, cómo hoy incluso la votación ha sido dividida después de cientos de juicios de votaciones unánimes. Este era el trabajo de Hijar: dividirnos, separarnos desde dentro. Por eso esa fachada tan inocente, por eso el venir hasta aquí y dejarse atrapar, para actuar sobre nosotros, las cabezas visibles de los Seundi. Si nosotros nos dividimos, qué no hará el pueblo después.
Enan Vad no cabía en sí de gozo, era la viva expresión de la felicidad. A su lado Alar Ant también sonreía feliz. Enfrente la tristeza y el dolor abatían a Migan Ark y Rabra Mar: no habían conseguido convencer a Labug.
-Aun así -continuó Labug- la certeza y la paz no ocupan todo mi espíritu en cuanto a que este hombre sea consciente del mal que lleva dentro. Creo que no es sino un instrumento en manos del Maligno, y una vez descubierta su fachada poco es el mal que ya puede hacernos. Por lo tanto, al igual que él ha intentado dividirnos yo le dividiré a él para separar el bien del mal.

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