La Memoria de la Duda (13/13)

13.- "El día después"

El Planeta de Dios volvía lentamente a la normalidad después de más de un año de tensiones internas. La gente de la calle recobraba sus conversaciones intranscendentes y parecía ya olvidado el tema del juicio contra Mafer Gom. La monotonía, la aburrida monotonía reinaba de nuevo sobre El Planeta de Dios; los aeromóviles circulaban igual que carros militares en un desfile bajo el sol Paz, el imperturbable astro que bañaba con su brillante luz todos los rincones, y que asfixiaba con su calor a todos los habitantes hasta hacer casi imposible la vida. La gente deambulaba por las cuadriculadas calles embutida en sus refrestrajes, casi en silencio, de camino a casa de algún amigo, al templo, o simplemente paseando. No ocurría nada, nunca había pasado nada, lo sucedido con Mafer no era más que un recuerdo borroso en algún despistado; las autoridades religiosas se habían encargado de echar tierra sobre el tema, de eliminar las raíces de las herejías, de hacer desaparecer toda referencia que pudiese socavar los cimientos de la fe, y de presentar la causa a la luz pública como un juicio en el cual el reo no se había arrepentido y había sido desintegrado para intentar salvar su alma.
Entre tanto, dos inquisidores habían reflexionado “en la sombra” sobre lo errático de su decisión y, al final, habían sido iluminados por Dios y habían alcanzado la Verdad. Ahora, junto con los otros tres magistrados del proceso estaban reintegrados en la vida social y en sus obligaciones de costumbre.
Durante todo este tiempo, en el hospital un equipo médico se había dedicado casi por completo y en secreto al cuidado de Mafer en tres turnos diarios. Mafer se había ido regenerando poco a poco en este año y medio que había pasado desde que le cortaran en dos mitades, había permanecido inconsciente consumiendo cantidades ingentes de alimento líquido a través de sus venas mientras su corazón, que milagrosamente -quizás por la extraña constitución de Mafer se hallaba situado más a la izquierda de lo normal o quizás él mismo intentando salvarse se había desplazado hacia la mitad zurda de su organismo- se había salvado intacto, bombeaba la sangre en el circuito cerrado que se había formado para alimentar a todo su cuerpo.
En el mismo instante en el que fue dividido en dos, la mitad izquierda de su anatomía empezó a funcionar de modo autónomo clausurando todos los conductos que quedaban abiertos ante la atónita mirada de los doctores, en tanto que su mitad derecha permanecía inerte en la mesa de al lado. Traquea, estómago, hígado, páncreas,... todos los trozos de sus órganos que quedaban en la fracción izquierda de su cuerpo buscaban el método de cerrarse y evitar la pérdida innecesaria de líquidos. Mientras, el corazón enviaba órdenes a las células a través de las arterias y las venas y buscaba todos los caminos posibles para formar un nuevo sistema circulatorio independiente del exterior. Y no paró hasta conseguirlo. El corazón estaba encargado de salvar el cuerpo a toda costa. Él sería después el que se ocuparía de enviar toda la información necesaria a sus células para que activasen la información genética "dormida" y "recordasen" dónde había que poner una célula de hueso, dónde una de nervio, dónde una de músculo... y así reconstruir la mitad perdida.

Después de lo pasado hoy todos los implicados recordaban de nuevo el caso. Hoy era el día en el que Lulop Rev y Gonma Her le habían dado el alta médica a Mafer Gom, y era el día en el que, según la sentencia, debería abandonar el planeta.
En un aerocoche sencillo, indistinguible de la mayoría, viajaba Mafer acompañado por aquellos dos guardias que le siguieron hasta la central de la Inquisición el día que le apresaron. Su automóvil también era escoltado por otros dos aeromóviles de seguridad, mientras en una tranquila sala del espaciopuerto los cinco jueces esperaban la llegada de Mafer para ver personalmente cumplida su sentencia. El auto penetró en el espaciopuerto por una discreta entrada lateral y aparcó cerca de una pequeña puerta. Mafer se apeó del aerocoche lentamente, y seguido por los dos guardias fue conducido hasta la estancia donde le esperaba el tribunal que lo había juzgado.
-Buenas tardes -lo recibió cortés Labug Ram en cuanto se abrió la puerta de la sala y distinguió al otro lado la figura de Mafer.
-Buenas tardes -respondió Mafer.
Quizás alguien esperase algo más, o tal vez comprendieran que el momento les pertenecía sólo a ellos dos, el caso es que nadie dijo nada, todos esperaron que alguno de los dos hablase de nuevo.
-Ya ha llegado el momento, hoy es el día en el que debe abandonar nuestro planeta. Para ello le vamos a proporcionar una nave individual de la última generación que poseemos con combustible y alimento necesario para llegar a cualquier lugar del universo conocido que usted elija.
-De acuerdo, esa fue la sentencia.
Ninguno habló más, no tenían nada que decirse y ellos lo sabían. Llevaron a Mafer hasta su nave y le dejaron allí al mando de la misma, esperando en una sala acristalada repleta de monitores para ver cómo despegaba la nave.
-Hola, soy Mafer Gom. ¿Tienes nombre?
-Mi nombre es Magnus Computer, modelo 345-ind -contestaron los altavoces de la nave con una voz masculina, juvenil y alegre-, pero creo que te será más cómodo llamarme Magnus.
-Bueno, pues, hola Magnus. Si te parece, tú llámame Mafer.
-De acuerdo Mafer. ¿Quieres que te hable formalmente como a un piloto o a un militar, o prefieres algo más coloquial?
-No me encuentro con ganas de formulismos, háblame como te parezca, como te encuentres más cómodo.
-Bien, a mí tampoco me gustan los tratos distantes -pareció vacilar un momento-. ¿Qué hacemos ahora?
-De momento vámonos fuera de este planeta, fuera de su espacio exterior, luego ya veremos.
-¡Oído cocina! -respondió jovialmente Magnus-, me estaba anquilosando aquí parado.
Y tras ponerse de acuerdo con las computadoras centrales del espaciopuerto, despegó suavemente y ascendió por el cielo mientras Mafer contemplaba cómo se iba reduciendo poco a poco la megacatedral de la capital del Planeta de Dios hasta casi desaparecer de su vista, al tiempo que los recuerdos del último par de años se le agolpaban en el cerebro.
-Mafer, ¿tú no eras de ahí abajo, verdad? -preguntó curioso Magnus cuando ya habían alcanzado el exterior.
-No Magnus, no -contestó con cierta tristeza.
-Bueno, ¿y no quieres volver a casa?, sólo tienes que decírmelo y yo me encargaré del resto.
Mafer guardó silencio. Su cabeza era un caos, tenía que poner orden; no podía regenerarse medio cuerpo y esperar que no pasase nada.
-Sabes Magnus, el caso es que no recuerdo de donde vengo. Ahí abajo, como tú dices, me borraron la mitad de mis recuerdos, y esa es una de las partes que he perdido. No recuerdo dónde nací, ni dónde vivía antes de venir aquí, ni siquiera si tengo familia viva. Sólo guardo recuerdos de los dos últimos años, y fragmentos inconexos de mi vida anterior... Es como si a una historia le hubieran quitado escenas y cambiado el orden de las restantes. Me tendrás que dar un poco de tiempo.
-De acuerdo, tu tranquilo Mafer, tómate el tiempo que necesites.
- FIN -

2 comentarios:

narradora de bolsillo dijo...

Buenas tardes tocayo de blog¡
Veo que has finalizado tu relato.
Enhorabuena¡

Míchel dijo...

Gracias, últimamente ando bastante liado y no me da tiempo casi ni para contestar.