Rostros


No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que los restos de ceniza manchen la madera del mueble del comedor, vuelan caóticos suspendidos en el aire, hasta posarse lentos en formas aleatorias que esconden entre sus partículas los rostros que luego dibujo con el dedo. Igual que el artista ve en la piedra la escultura que esconde, yo saco a la luz las facciones de mi próxima víctima. Luego sólo tengo que pasear y encontrarla entre la multitud.

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