¡¡¡Feliz año a todos!!!

Aunque los últimos relatos no han sido muy navideños que digamos, no empañan mis mejores deseos (cada uno rellene con los suyos) para el año que viene.
¡¡¡Que se cumplan vuestros sueños!!!

Así es el infierno

No, así es el infierno, no os engañéis gilipollas, es lo que tenéis a vuestro alrededor día a día, hora tras hora, nada de esas pamplinas que aprendisteis de críos: demonios, fuego y demás zarandajas. El infierno es esto y a vosotros os queda toda una eternidad para disfrutarlo. ¿Por qué? Porque aquí yo soy Dios y vosotros no debisteis derribar las torres gemelas.

OTRO AÑO MÁS


¡¡¡¡¡¡FELICES FIESTAS A TODOS!!!!!!!!

Hasta siempre

“Hasta siempre, Vladimir”, le dije con la voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas. A nuestro alrededor los compañeros pasaban como zombis, silenciosos, moribundos. Vladimir levantó la vista y sé que quiso decirme algo pero no pudo. Ni siquiera nos abrazamos, no teníamos fuerzas. No había nada más que decir, nada que hacer, nada, excepto salir de allí. Así que dimos la vuelta y nos dirigimos hacia donde nos decían los soldados americanos. La estrella de David aún lucía sobre nuestro uniforme rayado.

Contratiempo

—Ese viene a por ti —le dije. Di media vuelta y me acerqué hasta la barra con intención de escapar y pedirme otra caña. Y es que a León le gustaban las casadas, “Dan menos problemas”, decía, “No tienes que quedar tan a menudo, no hay compromiso”.
Desde lejos vi marchar a aquel pobre hombre igual que había venido, cabizbajo, triste como un árbol en invierno.
—¿Qué —le pregunté—, otro que quería conocer al que le había puesto los cuernos? —Justo entonces me di cuenta de que León estaba pálido e inmóvil como una estatua griega.
—No —balbució—, su mujer tiene el SIDA.

La rueda del tiempo

En ese instante todos supimos que jamás volveríamos a vernos.
Desde nuestras cabinas pudimos ver como la rata mordía el cable principal de alimentación del ordenador mientras este hacía los cálculos para enviarnos en nuestro viaje en el tiempo.
Se produjo un corte de suministro en la fuente principal de energía cuando la rata murió electrocutada.
Arrancó la fuente auxiliar y los números con nuestro destino se sellaron en una cifra aleatoria en cada cabina.
El fogonazo del salto me obligó a cerrar los ojos por unos segundos.
Cuando los abrí, allí estaba de nuevo la rata comenzando a roer el cable.

¿Dios?

Aquel sería el primer gesto maternal consciente que recuerdo de mi madre, sin embargo no sé si el recuerdo es mío. ¿Acaso no soy yo Dios?