Sometida

—“No hasta que por fin me haya mordido” —finaliza María el relato y mira intrigada a Javier.
—Suena raro ese final.
—Es para que todo tenga sentido, ¿no lo entiendes? Si no le muerde la cosa queda vacía, sin vida.
—Pues la verdad es que no, no logro comprender ese mordisco. Si se tratase de vampiros todavía…
—Ahí está la gracia —interrumpe María—, no son vampiros, pero en ese mordisco final el lector descubre toda la sumisión que ella esconde.
—En ese caso…—Se acerca a su cuello y la muerde hasta que una gota de sangre resbala por el nacimiento de sus senos.