El origen de la luz

Los niños jugaban a atrapar la luz que se colaba por las rendijas de las persianas bajadas, perseguían alegres motas de polvo que volaban entre aquellos finos haces brillantes. Los hombres, sin apartar la vista de las ventanas, bebían taciturnos y en silencio el licor dispuesto en aquellas desvencijadas mesas repletas de vasos y botellas. Las mujeres lloraban sentadas y se lamentaban en voz baja, sin atreverse a elevar la voz más allá del sonido que producía el licor al pasar por las gargantas de sus maridos. En una noche de luna nueva como aquella, sólo los más pequeños eran ajenos al terrible origen de la luz.

Matar es mi trabajo

Y se vistieron para la misa de 12 con sus mejores galas, en los pueblos, ya se sabe, hay que aparentar se quiera o no se quiera. Atrás quedaba un trabajo que habría que terminar a la vuelta, las manchas de sangre no podían quedar así.
Y se perfumaron para apartar el hedor de la muerte de su piel y alejar a las pesadas moscas que zumbaban pesadas en derredor. Los cadáveres, troceados para que ocupasen menos, ya habían sido puestos en el congelador, fuera de la vista de todos para evitar problemas.
Trabajar los domingos en el matadero municipal tenía sus complicaciones.

¿Tú qué crees?

Aún no lo saben, pero dentro de una semana tendrán una crisis de pareja, una crisis que hará que él se acueste con otra y ella, cuando se entere, atacada por los celos, le clavará un cuchillo de cocina en el pecho tras una amarga discusión a gritos… O tal vez no, tal vez sea ella la que se acostará con otro y él quien la mate… O quizás habrán aprendido del ejemplo de otros muchos antes que ellos y simplemente se separarán. ¿Tú qué crees?