Ideas

Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito, ese trozo de metal que mi maestro pulió con tanto esmero que devolvía un reflejo más perfecto que el de las aguas de le laguna Estigia. Pero mientras tanto sigo callado, sin decirle a nadie que yo estaba en el fondo de la cueva, reflejando hacia aquella pared de roca el rayo de sol que se filtraba a través del agujero del techo, y haciendo así bailar las sombras para que mi maestro, el de las anchas espaldas, Platón, pudiese mostrarles a todos por una vez cómo es el mundo de las ideas.

3 comentarios:

Porter dijo...

Me gusta tu forma de expresarte. En serio, me encanta. Vas a tener un asiduo lector

Saludos!

Roccio M. dijo...

Tienes un buen blog, y una estupenda forma de narrar, te pondré en mis enlaces a recomendar espero no te moleste!..

Roccio M.

Míchel dijo...

Gracias a los dos, estas cosas le animan a uno a seguir escribiendo.