Esperando al sol

Ahora sólo se alimenta de ricachones, la muy víbora, se abalanza sobre su cuello y les chupa la sangre hasta la última gota. Los espera a la salida de los restaurantes más importantes, de noche, después de que se hallan dado una opípara cena, dice que la comida y el vino le cambian el sabor a la sangre. Luego se deleita, saborea el placer de la comida, paladea el regusto final de la última gota esperando el éxtasis, el paroxismo final que nunca llega. Pero hoy, después de la cena a la salida de El Bulli, se ha sentado a esperar el sol.

1 comentario:

MAGDALENA dijo...

Muy bueno. Me gusta como usted muestra el reverso de las cosas. Saludos.

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