No debiste hacerlo

—¿No usas ahora el presente, Mario?
Las palabras del ordenador se fueron extinguiendo con un cierto deje de tristeza mientras lo desconectaba de la red eléctrica. Con dos asesinatos premeditados a sus espaldas no podía seguir encendido.
—Tú ya eres pasado —aseguré satisfecho dando unos golpecitos sobre la carcasa.
Recogí las herramientas y me dirigí a la puerta de salida. Justo cuando iba a cruzarla volví a escuchar aquella voz que acababa de apagar:
—No debiste hacerlo Mario.