Chicles

María quería tener los dientes más blancos y brillantes del mundo.
La idea le vino con el anuncio de la tele, ese en el que a la chica le brillan los dientes después de tomar un par de chicles.
Compró unos cuantos paquetes de chicles, abrió uno y probó con dos chicles, igual que en el anuncio. Después de quince minutos mascando se fue hacia el cuarto de baño y se miró en el espejo: nada, aún no brillaban. Probó entonces con cuatro chicles y media hora. Nada, no había manera de que aquello refulgiese.
Pensó que quizás era que no tenía los dientes limpios y por eso no hacían efecto los chicles. Así pues, cogió el dentífrico y el cepillo de dientes y se los lavó a conciencia durante diez minutos. Cuando terminó fue al salón y, para no fallar esta vez, tomó ocho chicles y los masticó durante una hora...
Cuando la encontró la policía tenía la mandíbula desencajada. Calcularon que tenía en la boca el equivalente a más de cien chicles, y debió de estar más de diez horas mascando antes de que se le desencajara.
Ahora María es feliz, trabaja en un circo haciendo las pompas más grandes del mundo.