sábado, 19 de enero de 2008

Chicles

María quería tener los dientes más blancos y brillantes del mundo.
La idea le vino con el anuncio de la tele, ese en el que a la chica le brillan los dientes después de tomar un par de chicles.
Compró unos cuantos paquetes de chicles, abrió uno y probó con dos chicles, igual que en el anuncio. Después de quince minutos mascando se fue hacia el cuarto de baño y se miró en el espejo: nada, aún no brillaban. Probó entonces con cuatro chicles y media hora. Nada, no había manera de que aquello refulgiese.
Pensó que quizás era que no tenía los dientes limpios y por eso no hacían efecto los chicles. Así pues, cogió el dentífrico y el cepillo de dientes y se los lavó a conciencia durante diez minutos. Cuando terminó fue al salón y, para no fallar esta vez, tomó ocho chicles y los masticó durante una hora...
Cuando la encontró la policía tenía la mandíbula desencajada. Calcularon que tenía en la boca el equivalente a más de cien chicles, y debió de estar más de diez horas mascando antes de que se le desencajara.
Ahora María es feliz, trabaja en un circo haciendo las pompas más grandes del mundo.

Me pones mucho

- ¿Cuántos le pongo? -Mucho. -¿Mucho? -Sí, mucho, me pones mucho. -Disculpe, le he preguntado cuántos le pongo, no cuánto le pon...