Corazón roto

Aquel niño era yo, ese que aparece en la foto con los pantalones cortos lanzando piedras a los cristales de la Iglesia mientras la lluvia arrecia. La instantánea la sacó el párroco con una Polaroid para presentarla como prueba en la denuncia. Maldita la gracia que le hizo aquello a mi madre, tuvo que pagar un par de cristales y me castigó un mes entero sin salir a la calle. Pero yo volví, más precavido para que no me pillasen, tiraba piedras en días alternos y desde distintos ángulos. Si hubiera podido le hubiera destrozado el corazón como había hecho él con mi madre.