El origen de la luz

Los niños jugaban a atrapar la luz que se colaba por las rendijas de las persianas bajadas, perseguían alegres motas de polvo que volaban entre aquellos finos haces brillantes. Los hombres, sin apartar la vista de las ventanas, bebían taciturnos y en silencio el licor dispuesto en aquellas desvencijadas mesas repletas de vasos y botellas. Las mujeres lloraban sentadas y se lamentaban en voz baja, sin atreverse a elevar la voz más allá del sonido que producía el licor al pasar por las gargantas de sus maridos. En una noche de luna nueva como aquella, sólo los más pequeños eran ajenos al terrible origen de la luz.