viernes, 17 de octubre de 2008

Furtivos

Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito, y eso era algo que me aterraba, aquellos encuentros furtivos entre el alcalde y el cura del pueblo no eran algo para tomárselo a broma. Cada vez que se juntaban, allí estaba yo en la distancia, moviendo el espejito para que el reflejo de alguna luz les diese directo en los ojos o sobre sus cuerpos sudorosos, entonces, cuando se percataban de mi presencia, era cuestión de correr antes de que pudiesen verme ellos a mí. Y es que dejar que mis dos amantes me pusieran juntos los cuernos era más de lo que yo podía soportar sin hacer nada.

Lógica infalible

—No es cierto que tengan siete vidas. —¿Quiénes? —Los gatos. —¿Por qué? —¿Por qué qué? —Que por qué los gatos no tienen siete vid...