No entiendo nada

No consigo recordar qué es un “hada”, pero me callo y sigo leyéndoles el cuento a mis nietos. Cada vez van apareciendo más palabras que desconozco: “ogro”, “duende”, “mago”… pero sigo haciendo como si nada, mis pobres nietos no tienen porqué sufrir con la enfermedad esa de su abuelo que le hace olvidar las cosas. Un cuento es un cuento y, aunque no entone bien porque no lo entiendo, ellos parecen disfrutar mientras leo. ¡Los quiero tanto! Hasta que un policía me separa de mis nietos con brusquedad y se los entrega a esa señora que no conozco de nada y que me mira con odio.