viernes, 26 de diciembre de 2008

¡Por Dios!

No consigo recordar qué es un “hada” pero sigo leyendo interesado. Aparecen más vocablos que me suenan y no consigo identificar: “ogro”, “duende”, “mago”… y mi imaginación vuela libre con esas palabras. De repente ruidos de alarmas rodean la casa, alguien derriba la puerta y una luz cegadora me impide distinguir nada a mi alrededor. Cuatro manos me aferran y, antes de que pueda hacer nada, me sacan en volandas a la calle. En el exterior puedo ver una pila de fuego hecha con mis viejos libros de fantasía. Al lado me espera una horca, los fanáticos religiosos cada vez tienen más poder.

El deseo

Espero el milagro como quien espera el tren, seguro de que vendrá puntual a su cita. Ella me despreció sin ambages: “No me a...