El collar

—¿No le regalarías también el collar?
—Sí, joder, sí se lo regalé, y diez más que regalaría con tal de librarme de él.
—Pero era un recuerdo de mamá…
—El collar era un recuerdo, pero mi ex era una realidad.
—¿Y no hubiera bastado con darle más dinero?
—No hubo manera, se encaprichó del collar.
—Bueno, al menos serviría para algo ¿no?
—Sí, sí que sirvió, ahora mi ex yace a mil metros bajo el agua en medio del océano y mis hijos y yo disfrutamos de una paz que no recordábamos.
—¿Y el collar?
—Creo que el matón que hizo el trabajo se lo mandó a la madre de mi ex. En el fondo, pese a su trabajo, quizás sea un sentimental después de todo.

El hongo

¿Dónde está el perro? No puede haber desaparecido así como así, es grande y de color canela, con el rabo cortado, y cuando viene hacia mi mueve ese muñón como si fuese un joystick. Nuca he sabido de qué raza es, aunque, la verdad, es que no entiendo nada de razas, así que lo mismo es de una y yo sin saberlo.
—¡A comer!
El grito de mamá me devolvió a la vida y fui corriendo a casa atraído por el olor del guiso. Desde que aquel hongo gigante había aparecido en el horizonte, hacía semanas, era la primera vez que comíamos carne.