El reflejo

“¿Te acuerdas de mí?” Ahí estaban otra vez esas sucias letras escritas en rojo con la sangre del muerto, y ahí estaba yo otra vez frente a ellas leyéndolas y tratando de encontrarles un significado. Esta era la trigésima víctima de ese cerdo y aún no teníamos ninguna pista. Ya no podía hacer nada allí, así que, a regañadientes, me fui a casa y dejé a los chicos con el trabajo.
Cuando me desperté en el sofá ya era casi de madrugada, últimamente siempre andaba agotado, como si no descansase y, sin embargo, no era capaz de aguantar toda la noche sin mear, iba a tener que ir al médico. Al llegar al baño me miré en el espejo y mi rostro me devolvió una sonrisa que yo no tenía:
—¿Te acuerdas de mí? —me dijo mi reflejo—, no te preocupes, mañana me habrás olvidado.

El juguete roto

Lo mejor sería ir a por el destornillador, era lo que papá siempre hacía cuando mis juguetes no funcionaban. Seguro que apretando un par de tornillos... Fui por la herramienta procurando no hacer ruido para que nadie me descubriese y para poder arreglarlo antes de que se dieran cuenta de que lo había roto y me castigasen. Volví con él oculto en la manga, sigiloso y pegándome a las paredes hasta que entré en el despacho. Me acerqué a la mesa y atornillé la tapa tal y como estaba antes, luego apreté el botón y... ¡Funcionó! Se encendieron miles de luces rojas y sonaron sirenas por todas partes.
Asustado me escondí debajo de la mesa cuando todos aquellos hombres y mujeres entraron corriendo y gritando: “¡Señor Presidente nuestros misiles han despegado y los rusos ya están contraatacando!”

Mirando

—Luego se fue corriendo, ¿no?
—Sí, salió disparado como alma que lleva el diablo.
—Pobre chico.
—Sí, pobre chico.

—¿Por qué lo harían?
—No lo sé, la gente odia sin motivo y esta noche el pobre muchacho estaba donde no debía y en el momento equivocado.
—Nadie entiende estas cosas.

—La policía siempre llega tarde.
—Sí, no sé para que sirven, nunca están donde se les necesita.
—¡Y todos los vecinos mirando sin mover un dedo!
—¡Una vergüenza!
—¡Menos mal que nosotros lo vimos todo y pudimos contárselo a la policía!
—Sí, ¡Menos mal!