El zoo

Desperté de pie, aturdido, sorprendido, y preguntándome quién sería aquella mujer que me estaba anudando la corbata, o quiénes eran todos aquellos seres que me rodeaban, o cómo había llegado yo hasta allí. Cuanto más miraba a mi alrededor más convencido estaba de que me hallaba en otro planeta: aquellos seres tan extraños nos miraban y hacían ruidos incomprensibles, como si fuéramos los animales de un zoo… Quizás por eso no recordaba nada después de abrir la puerta de mi casa para ir al trabajo: ¡Me habían secuestrado y ahora era un animal en un zoo alienígena! Pero… ¿Por qué aquella mujer seguía empeñada en anudarme la corbata sin decir nada?

RECONOCER

No reconocí al hombre que tenía frente al espejo. Y tenía que haberlo hecho. Veinte años de vendedor de muebles presumiendo de mi memoria y de la importancia que daba a los detalles. Y no reconocí a aquel tipo que se paró frente al espejo estilo Imperio. Lo miré de arriba abajo: el traje gris, las gafas de sol, la corbata amarilla y los zapatos de un negro impecable. Y no lo reconocí.
Ahora, mirándome al espejo, me daba cuenta de que mi yo del pasado no sería capaz de reconocerme por mucho que lo intentara, los viajes en el tiempo aún son una quimera.