El fin del mundo

Cuando aquel esbirro divino apareció en el cielo anunciando el fin del mundo para dos meses más tarde poca gente no creyó en él, era la hora de la vendimia de almas, El Día estaba cerca. Aún así yo me resistía a morir tan joven, tenía un futuro prometedor por delante y no pensaba tirarlo por la borda por un simple fin del mundo. Me puse manos a la obra y me dediqué día y noche a leer los textos sagrados. Comencé con el que me era más familiar, la Biblia, pero, por si acaso continué con el Corán y luego consulté la Wikipedia en busca de más religiones importantes y de más textos sagrados, no sabía en que campo se jugaría mi litigio. Durante mes y medio no hice otra cosa que leer.
Las semanas siguientes mis manos no se separaron del teclado redactando el texto final en los términos adecuados. Hace dos días imprimí la denuncia por no anunciar el fin del mundo en la forma correcta, la até a un globo y la solté desde la azotea de mi casa. Hoy ha llegado a mi balcón una paloma con la respuesta. No me atrevo a abrirla.

5 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

delicioso; tienes una forma de narrar con chispa.
buen finde

Míchel dijo...

¡Hay que ver lo que madrugas! :) Muchas gracias por tus comentarios, me alegra que te gusten mis microrrelatos. Buen finde para ti también.

no comments dijo...

Seguramente si abres la carta será una disculpa y una prolongación de tu vida, para que el fin del mundo esté más lejos...

Un saludo indio

Juka dijo...

Jajaja, qué insólito :D

Yo creo que el hecho de abrirla supondrá un pro y un contra, como por ejemplo la prolongación de tu vida pero con la obligatoriedad de cumplir con alguna misión que lo justifique.

Saludete!!

Míchel dijo...

Bueno, como no vimos la carta, quién sabe :)

Juka: me alegro de verte por aquí de nuevo.