El trabajo

Verdaderamente una delicia para los sentidos, sí, había sido una comida exquisita. La lástima es que ahora había que volver al trabajo, y tal y como estaban las cosas era seguro que ya nada volvería a ser lo mismo. Pidió la cuenta y dejó una buena propina como hacía siempre, se puso el abrigo y salió a la calle con paso tranquilo. Unos alaridos le hicieron darse la vuelta cuando ya había cruzado la calle, desde la puerta del bar el camarero le llamaba a gritos porque había olvidado su maletín.
Luego todo estalló.
Él giró de nuevo y se alejó de allí.