Remorir

Llevabas muerta cinco días cuando recibí tu carta.
Tras dos semanas de casados te fuiste a Afganistán con las fuerzas de la ONU en misión de paz, necesitábamos el dinero. Cuatro meses más tarde los telediarios dieron la noticia, vuestro convoy había sido alcanzado por un cohete y habíais fallecido todos. Me sentí morir, lloré tus recuerdos, deseé haber sido yo el muerto y no tú, busqué fuerzas para acompañarte al más allá; pero siempre fui un cobarde.
Ahora leo en tu carta póstuma que me dejas por el sargento de la quinta compañía. Te odio, tú sólo has muerto una vez, yo dos.