El jefe

Lleno de ardor y desprecio pensaba en el final, un final glorioso, con él de director. Las cosas iban a cambiar, se excitaba sólo de pensarlo. La puerta del despacho se abrió, era Pierre, su jefe, hojeando unos documentos:
—Fernando, quería comentar un punto de… —comenzó a decir. Al levantar la vista de los papeles necesitó unos segundos para reaccionar:— Quiero tu dimisión encima de mi mesa en una hora —sentenció cerrando la puerta tras de sí.
Adeline apartó la cabeza de entre las piernas de Fernando, recogió el dinero de la mesa y se marchó sin decir nada, aquello ya no lo levantaba ni un milagro.