La mina

Nos revolvía el pelo con cara de contento y las uñas negras por el carbón. Mi padre era así, sólo había que esperarle a la salida del puticlub del pueblo para que nos soltase unas monedas, que nunca supe si era para comprar nuestro silencio o porque salía la mar de contento. Luego invitaba a un chato de vino en el bar y jugaba una partida de cartas con sus compañeros de la mina antes de ir a casa.
Mi padre ya murió. Ahora las prostitutas son africanas o sudamericanas y la mayoría de ellas tiene el SIDA. Yo trabajo en la mina.