La caída

Cerré la puerta despacio, sin hacer ruido, no quería que nadie se enterase de mi marcha. El aire frío de la calle entró en mis pulmones con dolor, pero aún así aquello resultó un alivio, di un paso trémulo hacia delante y el hielo del suelo me hizo resbalar, caí de mala manera cargada como estaba con mis pertenencias. Maltrecha en el suelo y sin poder moverme me quedé imaginando una excusa convincente para explicar que hacía allí tan de mañana y cargada de maletas. Escuché los pasos acercándose a la puerta:

—¡María corre, ven aquí, ya está otra vez tu madre fugándose!