El hongo

¿Dónde está el perro? No puede haber desaparecido así como así, es grande y de color canela, con el rabo cortado, y cuando viene hacia mi mueve ese muñón como si fuese un joystick. Nuca he sabido de qué raza es, aunque, la verdad, es que no entiendo nada de razas, así que lo mismo es de una y yo sin saberlo.
—¡A comer!
El grito de mamá me devolvió a la vida y fui corriendo a casa atraído por el olor del guiso. Desde que aquel hongo gigante había aparecido en el horizonte, hacía semanas, era la primera vez que comíamos carne.