El juguete roto

Lo mejor sería ir a por el destornillador, era lo que papá siempre hacía cuando mis juguetes no funcionaban. Seguro que apretando un par de tornillos... Fui por la herramienta procurando no hacer ruido para que nadie me descubriese y para poder arreglarlo antes de que se dieran cuenta de que lo había roto y me castigasen. Volví con él oculto en la manga, sigiloso y pegándome a las paredes hasta que entré en el despacho. Me acerqué a la mesa y atornillé la tapa tal y como estaba antes, luego apreté el botón y... ¡Funcionó! Se encendieron miles de luces rojas y sonaron sirenas por todas partes.
Asustado me escondí debajo de la mesa cuando todos aquellos hombres y mujeres entraron corriendo y gritando: “¡Señor Presidente nuestros misiles han despegado y los rusos ya están contraatacando!”