RECONOCER

No reconocí al hombre que tenía frente al espejo. Y tenía que haberlo hecho. Veinte años de vendedor de muebles presumiendo de mi memoria y de la importancia que daba a los detalles. Y no reconocí a aquel tipo que se paró frente al espejo estilo Imperio. Lo miré de arriba abajo: el traje gris, las gafas de sol, la corbata amarilla y los zapatos de un negro impecable. Y no lo reconocí.
Ahora, mirándome al espejo, me daba cuenta de que mi yo del pasado no sería capaz de reconocerme por mucho que lo intentara, los viajes en el tiempo aún son una quimera.