lunes, 28 de septiembre de 2009

El zoo

Desperté de pie, aturdido, sorprendido, y preguntándome quién sería aquella mujer que me estaba anudando la corbata, o quiénes eran todos aquellos seres que me rodeaban, o cómo había llegado yo hasta allí. Cuanto más miraba a mi alrededor más convencido estaba de que me hallaba en otro planeta: aquellos seres tan extraños nos miraban y hacían ruidos incomprensibles, como si fuéramos los animales de un zoo… Quizás por eso no recordaba nada después de abrir la puerta de mi casa para ir al trabajo: ¡Me habían secuestrado y ahora era un animal en un zoo alienígena! Pero… ¿Por qué aquella mujer seguía empeñada en anudarme la corbata sin decir nada?

El deseo

Espero el milagro como quien espera el tren, seguro de que vendrá puntual a su cita. Ella me despreció sin ambages: “No me a...