No habrá dudas

Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina el pasado me aplasta como una losa fúnebre. María, mi María, me ha clavado un puñal helado en el corazón, se ha ido dejando sólo una nota de odio que, como una hoja arrastrada por la lluvia, se me ha caído de las manos mojada con lágrimas de dolor. Miro a mi alrededor y sólo quedan las ruinas de una mentira. Se ha ensañado destrozando todos mis recuerdos: libros, discos, fotos familiares, ropa… Hasta ha vaciado los armarios de la cocina y la nevera esmerándose en destrozar mis comidas favoritas.
Y ahora, muerto en vida, ejecuto mi venganza. Me he golpeado la cabeza con un rodillo de la cocina y contra las paredes, me he cortado las venas y me metido en la nevera esperando el final mientras escribo su nombre en las paredes del frigorífico con mi sangre. ¿Alguien dudará que fue ella quien me dejó aquí?