La carrera

La carrera ilegal de trenes de época se celebró con salida en la estación abandonada de Príncipe Pío y fin en las antiguas vías de la estación de Atocha. No sé cómo pretendían que algo así pasara desapercibido, quizás más de un alto cargo de la policía estaba en “nómina”; el caso es que no contaron con la Fiscalía del Estado, que fue al final quien presentó la querella no atendiendo a las súplicas de arbitraje de la Comunidad de Madrid. Yo llevé la defensa de aquel despropósito y al final la cosa acabó bastante bien. Como no hubo heridos ni destrozos, de lo único de lo que pudieron acusar a los organizadores —de las apuestas tampoco quedó prueba alguna— fue de uso ilegal de una propiedad pública. Pero que unas maquetas de tren vayan por unas viejas vías en desuso no parece tan grave, vamos, digo yo.

Depués del final

Me acerco y anoto sus nombres mirándolos en las chapas que cuelgan de los cuellos carbonizados. Eso es lo que me han dicho que haga y yo lo hago. Estoy solo. No recuerdo cómo vine aquí ni quiénes me mandan, tampoco me importa porque no me pegan. Los otros, los que ahora están muertos, me pegaban. Es lo que me han dicho, por eso tengo las heridas. Me han dicho que cuando termine me llevarán con ellos, y yo quiero irme, cada día se me cae más pelo. Tengo miedo a los hongos gigantes de ruido y polvo que poco a poco se acercan.

P.D.: Aunque el relato no parece prestarse a ello, a todos los que alguna vez pasáis por aquí os quiero desear lo mejor para este año que empieza: que se cumplan vuestros sueños, que la felicidad os coja de la mano y no os suelte ningún día. ¡Feliz año nuevo!