Satánico


Arrastrado a aquella sesión de espiritismo satánico por Irene, mi novia de aquel entonces, nunca imaginé lo que iba a pasar…

Estábamos todos alrededor de una estrella de cinco puntas inscrita en una circunferencia llena de velas encendidas, una salmodia repetitiva sonaba de fondo… De repente, en medio del círculo, apareció un rasta tatuado fumando un porro sentado en el suelo. Aquella broma fue para mí causa de un ataque de risa, mientras que todos miraban aterrorizados. El demonio aquel arrojó toda su ira sobre mí y, entre gritos y maldiciones, me aseguró un sufrimiento eterno. Activando mis reflejos de abogado solicité un sobreseimiento pues era nuevo en tales experiencias paranormales. Mi argumento no lo convenció, pero insistí y conseguí cambiar mi castigo por el de algún ser querido. Sin pensarlo dos veces arrojé una foto como ofrenda al interior del círculo. La fotografía e Irene desaparecieron al momento.