Procrastinación

María lo dejaba todo para mañana: limpiar, ordenar, ir al médico, dormir… cualquier cosa podía esperar, así que al final tenía que hacerlo todo a última hora, deprisa y corriendo. Los exámenes los estudiaba siempre la noche anterior, la declaración de hacienda la presentaba el último día, se le acumulaba el trabajo y tenía que hacer horas extras, y no tuvo hijos porque se hizo mayor. Ya jubilada sintió la felicidad de no tener prisa, comía fuera de casa y una chica le hacía las labores del hogar, no había nada que retrasar… excepto la muerte. Cuando la dama negra vino a visitarla la encontró sentada al sol en una terraza de la Plaza Mayor, y no sé bien cómo lo hizo, pero creo que aún sigue viva.