Amén


—Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros así que lo mejor que puede hacer es darse la vuelta y volver al sitio de donde ha venido.
—Pero es que… —La chica no le deja terminar, lo mira con unos ojos de hielo que ya no saben sufrir y le apoya el cañón de su pistola en la frente. Él no lo duda, sabe que una sola palabra más le haría saltar el cerebro por los aires, así que da media vuelta y se aleja cabizbajo rezando por ella, rezando por todos ellos. Ella baja el brazo sabedora de que es su fin. La bala le atraviesa el cráneo mientras una última, y quizás primera en muchos años, sonrisa se le dibuja en el rostro.
Acto seguido los Marines de Dios comienzan su evangelización lanzando toda la artillería contra aquel pueblo tercermundista e impío.