Aquiles, un hámster y el amor

Prisionero de su esfera transparente el hámster camina y camina hasta caer exhausto, viendo como la comida que tanto ansía permanece inalcanzable frente a él. Este Aquiles peludo no sabe que él tampoco alcanzará a su tortuga, aunque sea por distinta paradoja: caminará y caminará sin llegar nuca a su destino porque en realidad no avanzará nada, permanecerá siempre sujeto al eje a la misma distancia, a la misma que si se hubiese quedado inmóvil, quieto, sin hacer nada…
¡Cuánto me recuerda esto a nuestro amor!