La sonrisa

Como los ángeles al caer el sol”. Con esa expresión terminaba la mayoría de nuestras conversaciones. Nunca supe que significaba ni por qué lo hacía, pero me daba igual: “Después de comer me he quedado como…”, “Esto pinta mal, va acabar como…”, “¡Qué suerte, esto ha sido como…!”. Luego sonreía, siempre sonreía, estuviese triste o alegre, siempre sonreía. Incluso si lloraba, sonreía al tiempo que las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Y en el ocaso de un día de primavera se difuminó con los últimos rayos del Sol. Sólo quedó flotando en el aire una sonrisa tan amplia como la del Gato de Cheshire.