Por fin quietas


La mañana empieza aún de noche cuando suena el despertador, luego ducha y un poquito de maquillaje para que no se noten las ojeras. Prepara el desayuno, el bocata para el cole y saca a las niñas de la cama entre bostezos y quejidos, que ayer nos acostamos tarde haciendo deberes. Corre al colegio, dos besos y al trabajo. Un café para resistir hasta la hora de comer. Aguanta al jefe y al compañero gracioso, come en media hora para cumplir el horario y sal corriendo a tu hora para llegar a recoger a las niñas. Marchamos al inglés y al deporte, en medio algo de compra. Por fin en casa, ellas hacen los deberes y yo la cena… y los deberes. Nos lavamos los dientes y a la cama.
Hoy ha ido todo bien, cuando al rato voy a verlas ya están dormidas, por fin quietas y dormidas. Ya puedo descansar.

Mío

Lo importante era que volvía a ser mío, muerto pero mío, aquel territorio antaño fértil como el paraíso, y ahora yermo tras la guerra que acababa de ganar. El resto, cadáveres y destrucción, no tenía importancia frente al sentimiento de dominación que ahora palpitaba dentro de mí.

El sueño eterno

El durmiente se olvido de despertar y ahora vive el sueño de la vida.

¡Indígnate!

Sospechas

Una semilla en esta tierra desolada.
Un cigarrillo sentado al borde de la cama con la cabeza gacha.
Una hoja más en el calendario.
Otro puñetazo a la pared y otra maldición.
Siempre lo mismo, gestos inútiles de un vacío desgarrador, de un ciclo sin sentido que nos lleva hacia el final de un modo inexorable.
Yo soy estéril y él no lo sabe; pero lo sospecha.
Pronto lo sabrá y ese será mi fin.