Por fin quietas


La mañana empieza aún de noche cuando suena el despertador, luego ducha y un poquito de maquillaje para que no se noten las ojeras. Prepara el desayuno, el bocata para el cole y saca a las niñas de la cama entre bostezos y quejidos, que ayer nos acostamos tarde haciendo deberes. Corre al colegio, dos besos y al trabajo. Un café para resistir hasta la hora de comer. Aguanta al jefe y al compañero gracioso, come en media hora para cumplir el horario y sal corriendo a tu hora para llegar a recoger a las niñas. Marchamos al inglés y al deporte, en medio algo de compra. Por fin en casa, ellas hacen los deberes y yo la cena… y los deberes. Nos lavamos los dientes y a la cama.
Hoy ha ido todo bien, cuando al rato voy a verlas ya están dormidas, por fin quietas y dormidas. Ya puedo descansar.

4 comentarios:

Alís dijo...

¡Cómo pesan algunas rutinas! Menos mal que encontramos satisfacción en pequeños detalles; de lo contrario, sería muy difícil aguantar.

Un abrazo

Juka dijo...

Una cosa tan mundana y profunda explicado en pocas líneas. Como siempre, lo sencillo y lo real sobrepasa toda ficción.

Te sigo, como siempre, aunque no comente :)

Míchel dijo...

Gracias por venir a esta vuestra casa y por dejar vuestros comentarios, se agradecen las visitas, más ahora que mi constancia se ha ido de viaje :)

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Genial descrito, y real como la vida misma... un saludo