Hasta el fin



Hasta chocarse contra una pila de maderos con la cara cubierta por un casco, sentir el empujón, caer al suelo y verse golpeado una y otra vez por una maraña de manos armadas con porras, que no con razón, porque la razón nunca sirvió para cambiar gobiernos, para eso sirven las porras, las pistolas y los tanques.
Hasta escupir sangre y sentir el estómago como un dolor insufrible que se mantiene constante y anula cualquier otro sentido. La vista se nubla, pero el pensamiento sigue fijo en una sola idea, en una sola idea que dan veinte años de juventud, veinte años de ira y cansancio, veinte años de sueños de LIBERTAD.
Hasta estar harto de mangoneos y robos, de prebendas y privilegios, de abusos y desmanes. Hasta estar harto de que la señora democracia sea una palabra vacía, una mentira que utilizan unos pocos para llenar sus bolsillos con el sufrimiento ajeno.
Hasta estar tan harto, tan harto, que en la boca solo caben dos palabras en un único grito: ¡BASTA YA¡

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