Atracción



Con esa exactitud tan característica de la ciencia se me rompió el corazón al caer al suelo; la fuerza de la gravedad de la situación provocó aquella caída. La luz, a trescientos mil kilómetros por segundo, iluminó la escena de dos polos opuestos atrayéndose: mi dulce mujer y aquel macarra barriobajero del vecino de arriba, ese que posee un campo de atracción tal que una tras otra habían ido cayendo hacia él todas la mujeres de la comunidad, como si él fuera un agujero negro del cual fuera imposible escapar. Al final yo tampoco pude resistirme y caí.
Tuve que matarle: ¡era tan guapo el condenado!