Llegaré tarde



Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos por el culo de un mono soltando pedos, o al menos es lo que se imagina Pedro escuchando de fondo la conferencia telefónica que tiene con los americanos. No soporta ese acento texano similar a la cómica entonación de Aznar. Con la cabeza apoyada en la mano izquierda y mirando por la ventana la mente le vuela por mundos imaginarios.
De fondo sigue ese rítmico puf puf indefinido.
Alguien dice su nombre, entonces reacciona como un rayo y entona un sentido: ”Sorri, cud yu repit?”. Vuelve a sentir los pies en el suelo de sintasol de la oficina mientras contesta a los americanos… y nota la humedad. Se da cuenta de que sus pies chapotean sobre un charco: el puf puf no es otra cosa que la sangre que gotea de la cabeza cortada de su jefa, situada junto a la pantalla del ordenador. Mirá un poco más allá y ve el resto del cuerpo junto a la catana que adornaba la pared de su despacho. Ahora recuerda de nuevo. Pone el mute en el teléfono, coge el móvil y selecciona un número:
­‑Cariño, no me prepares cena, hoy llegaré tarde.