Mañana será otro día




Vuelven a dejarlos debajo de sus camas, cada noche, después de la última campanada que marca el fin del día. Las lecciones de la guardería no se olvidan: a guardar, a guardar, que mañana hay que jugar. Todo limpio y ordenado, guardan sus juguetes en cajas bajo las camas. Siempre todo limpio y ordenado, afilan los juguetes y les limpian la sangre, no dejan ni rastro, que mañana hay que jugar.

Solo silencio



Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos, susurran, sisean o silban soniquetes desveladores de sensaciones sigilosas, sugerentes, descubridoras de secretos soterrados por las ondas del silencio. Secretos que son descubiertos y extraídos de sus escondites mientras las escasas luces trastean con las motas que sestean entre los rayos del satélite lechoso que señorea entre las estrellas. Hadas y duendes saltan y sonríen señalando sus posesiones entre las ensoñaciones de los durmientes, que sonríen suaves y silenciosos mientras los padres se sienten felices sabiendo que sus hijos solo soñarán imágenes extraídas de las profundas simas de los sentimientos cuidados durante años y, en estos instantes, compartidos.

El beso

Ya nada sería igual, después de aquel beso el mundo cambió para los dos.