Otro día más



Se acerca y me abraza, siento su aliento arañar mi cuello y sus brazos serpentear por mi cuerpo buscando rincones que ya no existen. Me da asco, no más que otros, sin embargo le sonrío y me dejo desvestir insinuante.

El dinero ya lo guardé hace tiempo, es algo que aprendes rápido, siempre se cobra por adelantado.

Le bajo la bragueta como si abriese un cerdo en canal. Sin que se dé cuenta le coloco un preservativo con la boca y dejo que me penetre. Jadea unos pocos segundos.

Enciendo un pitillo para quitarme el mal sabor de boca que deja la miseria y le digo adiós sin mirarle, el humo macera el dolor.

Mi hijo sale cabizbajo del armario donde estaba escondido. No hay palabras, el silencio es tan denso como el cemento.

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