Sagacidad

–Lo que usted diga, doctor Frankenstein –respondió Hércules Poirot mirando a los ojos de Auguste Dupin, pero me parece que el hombre tumbado en el suelo con un puñal en la espalda no ha muerto de alergia al metal.

–No se crea –terció Sherlock Holmes–, porque como ya sabrá, una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad, y este hombre, si nos atenemos a la palabra del doctor, es la segunda vez que muere.
El inspector Clouseau se agachó a inspeccionar el cadáver:
–¿Alguno de ustedes se ha fijado en que el cuchillo es de madera?