miércoles, 29 de noviembre de 2017

Esa mirada



Maldiciendo el día que aquel cable se rompió y el auto quedó varado en el arcén de aquella solitaria y polvorienta carretera de provincias, maldiciendo que Rubén pasase por allí a unas horas tan intempestivas con su Mercedes deportivo, repeinado con gomina, musculoso, bronceado, y con una mirada que arrebataba el alma.
Pero no, no he de dejarme llevar por los recuerdos obscenos, no he de maldecir y he de dar gracias a Dios por su omnipresencia, que hizo de mí su instrumento.
Rubén se ofreció a llevarme hasta la siguiente gasolinera, eran tiempos sin teléfonos móviles. El aire cálido de la noche volaba mi cabello en aquellos mullidos asientos, yo era joven y hermosa, dicen que aún lo soy, y la flor de la pasión arrebató nuestros cuerpos antes si quiera de llegar a la gasolinera. Un hotel de carretera nos sirvió para caer en la tentación.
Tuve que matarlo. El demonio nos había llevado hasta allí.
De aquello hace diez años. Diez años encerrada en esta prisión purgando mi penitencia por ceder a la tentación de la carne. Pero he aprendido, ahora soy más fuerte, Dios me ama y yo a Él. Me he convertido en una presa modelo que sin rechistar come lo que le ponen, hace lo que le mandan y obedece en todo. Todos los carceleros están contentos conmigo y siempre comentan que ojalá todas las presas fueran como yo.
Y ahí viene Juan, me trae la comida cada día a la misma hora, me saluda con afecto y deja la bandeja en la mesa. Mi ración es abundante, juraría que más que la de las otras. Sentada en la cama le observo actuar, es guapo y amable, y juraría que me mira de un modo especial que…

Lógica infalible

—No es cierto que tengan siete vidas. —¿Quiénes? —Los gatos. —¿Por qué? —¿Por qué qué? —Que por qué los gatos no tienen siete vid...