sábado, 21 de julio de 2018

Maestro Sigh


—¿Sigues siendo tú?
—El interior no cambia maestro, mira allí.
El maestro Sigh sabía que era posible, pero le costaba creer que aquel ser metálico de casi dos metros de altura pudiera ser el mismo joven aprendiz humano que un día tuvo bajo su tutela. Sin embargo, si cerraba los ojos y miraba en el interior de aquella máquina aún podía ver la luz de su discípulo Whisper, más madura, mucho más segura de sí misma, pero con el mismo principio vital.
—Sí, en esencia sigues siendo el mismo, pero veo también que el camino ha sido duro.
—Lo fue maestro, lo fue. Pero todo acaba aquí, el círculo debe cerrarse.
—Así es y así ha sido siempre.
Los dos repetían la fórmula ancestral que era el preludio de la pelea a muerte entre ambos, solo podía quedar uno. Cada nacimiento implicaba una muerte, los recursos eran limitados y la población debía serlo también, era el precio de la inmortalidad. Tiempo atrás su sobrina Light decidió tener un hijo, Sigh dio el consentimiento como maestro de la familia, ahora tenía que enfrentarse a su decisión. Tras más de mil años sintió que había llegado su hora, Whisper era joven, fuerte e inteligente, y aunque él también lo aparentase, sabía que no era así. Se dispuso a ser vencido, no ofrecería resistencia.
—Termina cuanto antes Whisper, ha llegado mi hora.
Sigh bajo la cabeza y cerró los ojos. Sintió un chasquido en el cuello y un viaje hacia la luz como aquellos que contaban algunos, pero no se sintió desvanecer como habría esperado. De repente escuchó una voz.
—Hola maestro.
Aquella voz era la de...
—¡Whisper?
—Sí maestro, me costó encontrarlo, fue duro, pero descubrí cómo salvarnos a los dos siendo uno, no podía permitir que tuviéramos que perderte para siempre.

Lógica infalible

—No es cierto que tengan siete vidas. —¿Quiénes? —Los gatos. —¿Por qué? —¿Por qué qué? —Que por qué los gatos no tienen siete vid...