miércoles, 24 de enero de 2018

Prácticamente igual



Contemplo sus ojos marrones y sé que aún queda mucha vida dentro, estoy segura, estoy absolutamente convencida de toda esa vida que queda. Por eso le bajo los párpados, cierro la cápsula, activo los controles de temperatura y pulso el botón que le introduce en el crematorio. Está dormido, la inyección hizo su efecto hace unos pocos minutos. No sufrirá.
Fue un golpe terrible cuando nos enteramos de su enfermedad, ya muy avanzada, incurable.  Así que no lo pensamos dos veces y vinimos aquí para poder prepararlo todo antes del fatal desenlace.
Han sido muy duras las últimas semanas. Horas y horas de conexión al ordenador para descargar sus recuerdos, sus sentimientos, su personalidad, su amor. Extrayendo células de su cuerpo para clonar hasta el último detalle: huesos, músculos, corazón, vísceras, uñas, pelo... Incluso esos ojos marrones por los que yo me volví loca un día. Hasta el más mínimo detalle es idéntico a cómo era él hace veinte años. Puestos a elegir, mejor con treinta, ¿no?
Exactamente igual excepto por un nimio detalle en su cerebro, que fue recargado tal y como estaba hace un par de días, salvo por un ligero retoque. Al fin y al cabo soy yo la que pago. Se acabaron las infidelidades por su parte, ahora me deseará como si no hubiese otra en el mundo y, por supuesto, será mucho más comprensivo con las mías. Un pequeño acuerdo que tuvimos la doctora y yo en un aparte por una módica cantidad.
¡Qué fácil es ser feliz en estos tiempos!

La Cámara de los Horrores

Todos sabíamos que tras aquella puerta nos esperaba el horror. Nunca hablábamos de ello, pero todos lo sabíamos. Más de una vez habíamos co...